El libro de la semana (Primera de dos partes)

Víctor Manuel Ballesteros García (1952-2005), profesor, historiador e investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), dentro de su legado bibliográfico que la institución conserva en su fondo editorial se encuentra el libro La iglesia y el convento de todos los santos de Zempoala, Hidalgo. Y su comarca, en el que describe una síntesis histórica que inicia desde la época prehispánica, señala el topónimo Zempoala que es de origen náhuatl y sus raíces son cempohualli, que significa 20, y la terminación tlan, cambiada a llan, lugar; de donde se forma la palabra cempoallan: “lugar de 20”, esto es el sitio donde se hacía mercado cada 20 días. El historiador Ballesteros indica que tal periodicidad no es extraña, ya que los meses del calendario náhuatl eran de 20 días. También ilustra el glifo representativo de Zempoala que aparece en varias fuentes históricas, así se localiza en el Códice Vaticano, en el Códice Xólotl, en el Códice Mendicino y la Relación de Zempoala de 1580.
El libro también aborda la época colonial, la conquista, la enmienda, la tributación y el repartimiento y de manera significativa la evangelización, así como de monumentos históricos como el acueducto de Zempoala o Padre Tembleque, la picota o rollo de Zempoala. Víctor Ballesteros fue más allá y consideró la guerra de independencia, la época independiente, que se libró en los llanos de Apan y Zempoala, el Porfiriato, la época posrevolucionaria.
Como historiador del arte su interés lo centró en la iglesia y el convento de todos los santos, realizando un estudio iconográfico que data desde las fechas de su construcción; el contó que la sitúa en 1940 cuando llegó la orden religiosa de los agustinos, describe con acuciosidad el conjunto arquitectónico integrado por el atrio, la capilla abierta, la iglesia y el convento como experto en el tema; recorre cada espacio llamándole la atención las pinturas en pequeño formato que aún se conservan, las cenefas y la pintura mural del presbiterio, los parámetros interiores, descubre detalles que relata en el libro.
La segunda parte del libro lo dedica a la comarca de Zempoala, sus investigaciones las vuelca en el texto que es una invitación al lector para conocer además del gran conjunto de la iglesia y convento de todos los santos varias iglesias, capillas e inclusive tres pequeños conventos. Ballesteros García expresa que todas las construcciones merecen una gran atención no solo por su antigüedad, sino también por los detalles arquitectónicos, ornamentales y las obras de arte que conservan. Y así inician las visitas a siete construcciones religiosas, todas cercanas a la ciudad capital de Hidalgo.
Capilla San Agustín Zapotlán. Este asentamiento está consignado en la pintura de Zempoala de 1580 con el glifo que representa un árbol de zapote, la capilla está dedicada a San Agustín, que se construyó en el siglo XVI, sin embargo, ha sufrido modificaciones a lo largo del tiempo. La puerta de entrada luce un trabajo de cantera propio del siglo de la conquista, es un arco de medio punto con rosetones. Al realizar excavaciones en las tumbas del atrio se ha localizado pedacería de cerámica tipo azteca.
Capilla San Antonio Ostoyucan. Esta capilla está dedicada a San Antonio de Padua, la arquitectura indica que data del siglo XVI, exceptuando el campanario que se construyó posteriormente; la portada de este inmueble religioso está ejecutada en un estilo plateresco interpretado por los artífices indígenas de la región, luce una capilla abierta, en el interior existían dos pinturas al óleo; por lo que se conoce, la capilla de San Antonio Ostoyucan es una pequeña obra de arte y arquitectura novohispana.
Capilla San Gabriel Azteca. La portada de la iglesia se significa por la piedra negra, se distinguen labrados con motivos geométricos de flora diferente entre sí, las jambas están adornadas por una serie vertical de rosetones esculpidos, flaqueados por columnillas góticas; aparece en el cuerpo de la fachada el dato “año de 1751 A(ños)”, que quizá se deba este dato a la fecha de su terminación. Curioso es observar una ventana cuadrilobulada que ilumina el coro. Ya en el interior aparece la inscripción “24 de febrero de 1726”, fecha probable en la que se terminó la techumbre del edificio.
Capilla San Juan Tepemasalco. Esta edificación posee un pequeño atrio cuadrangular que alguna vez fue cementerio, sus elementos ornamentales de la fachada remiten a una construcción del siglo XVII, existe en esta capilla un retablo dorado del siglo XVIII, de dos cuerpos y tres entre calles divididas por estípites y un remate; sobresale un cuadro de la Virgen de Guadalupe, que sustituyó al de otra imagen que fue sustraída. En el cuerpo del retablo se localizan oleos de San Cristóbal y San Gabriel y la paloma del Espíritu Santo.
Capilla de San Pedro Tlaquilpa. Esta iglesia y el pequeño convento ofrecen para el espectador especial interés, podrá distinguirse que se emplearon materiales prehispánicos en la edificación del templo cristiano, a decir de los arqueólogos se notan los llamados “clavos” (piezas de piedra en forma cónica cuya cabeza está labrada en forma de círculo), algunos de los cuales se acomodaron “ clavándolos” en el talud para formar una cruz latina. Este sitio fue un adoratorio, que data cuando menos de la época azteca, así lo indican objetos de cerámica y obsidiana. La fachada toda es posterior al siglo XVI, excepto la arcada y la portería.
Capilla de Santa María Tecajete. Víctor Ballesteros describe que en este predio de Santa María Tecajete se han construido dos capillas, la más antigua al sur y la moderna al oriente. En un arco de las portadas se distingue “año de 1743”, también sobre las vigas se colocó la inscripción “2 de agosto de 1791”. Con respecto a la capilla moderna, está dedicada a La Asunción.
Capilla de Santa María Tetliztac. Su fundación data de octubre de 1580, el nombre náhuatl de Tetliztac significa “piedra blanca”, para esos años se decía que los habitantes eran otomíes, la portada de la capilla se organizó bajo un esquema muy sencillo, un arco de medio punto apoyado en pilastras y encuadrado con un alfiz, cuya parte superior roza con la arquivolta. Todas las superficies en cantera rosa están trabajadas por artífices indígenas, en el centro de la portada de la capilla se aprecia el escudo franciscano con la cruz y las cinco llagas de Cristo.
En la próxima entrega dominical seguiremos abordando La iglesia y el convento de todos los santos de Zempoala, Hidalgo. Y su comarca; para esa ocasión comentaremos sobre las 13 haciendas y ranchos de la región de Zempoala, que Víctor Manuel Ballesteros García investigó en 2002.
El libro puede consultarse en las bibliotecas de la UAEH y en Carácter Librería, en el Pabellón Universitario, en Ciudad del Conocimiento.
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