Manuel Alberto Morales Damián

En 1725, cuando se fundó el hospital de San Juan de Dios, ya se tenía una capilla dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe. Sobre aquella se construiría una iglesia de mayor tamaño dedicada el 8 de marzo de 1734, según consta en la Gaceta de México y nos lo narra Juan Manuel Menes Llaguno en su texto sobre los juaninos en Pachuca. El templo fue construido con una nave rectangular. De acuerdo con un mapa del siglo XVIII, el edificio tuvo una torre campanario, hoy perdida. La orientación del edificio es resultado de la disposición propia del terreno: la ladera del cerro de San Cristóbal.

Hoy, la Iglesia de Guadalupe conserva su fachada principal que mira al oriente y su fachada lateral sur que se abre hacia el llamado patio de la Garza. La fachada lateral norte, que da a un pequeño patio de servicio con una reja que se abre a la tercera calle de Doria, no muestra recuerdo de ningún trabajo de cantera, solo expone la labor de enladrillado y mampostería del edificio.

El retablo mayor fue de madera tallada y estofada en dorado. Los ocho altares laterales enmarcaban imágenes al óleo. Deducimos que el retablo mayor estuvo dedicado a Nuestra Señora de Guadalupe y sabemos que el altar del lado de la epístola estaba dedicado a San Cayetano y en él se encontraba el sagrario. El santo italiano, quien vivió entre el siglo XV y el XVI y era reconocido como patrono de los pobres y enfermos, renovó el hospital de incurables en Venecia. Fue fundador de la congregación de los Teatinos, una de las órdenes religiosas que anticipa la contrareforma y su devoción se extendió junto con esta última. No es extraño que en su altar se reservase espacio a lo más sagrado de un templo adosado a un hospital ya que él afirmaba: “En el oratorio rendimos a Dios el homenaje de la adoración, en el hospital le encontramos personalmente”.

La fachada de la iglesia fue remodelada en el siglo XIX, cuando se construyó la tercera planta y desapareció definitivamente el campanario. La descripción más clara de la portada se debe a Víctor Manuel Ballesteros y no añadiré ninguna precisión a ella; basta recordar que se puede ubicar en el barroco sobrio. Ballesteros manifestó en su momento dudas acerca da la autenticidad del relieve de Juan Diego. Una fotografía de la portada, incluida en Apuntes para la historia del estado de Hidalgo de Raúl Guerrero Guerrero muestra que, en efecto este relieve no era parte original de la obra y fue añadido posteriormente, quizá durante la década de los 90. De lo que no puede dudarse es que en el espacio que hoy ocupa la ventana del segundo cuerpo de la portada, debió estar colocado un relieve de la virgen de Guadalupe. Durante el siglo XVIII el culto a la guadalupana fue extendiéndose como manifestación clara del nacionalismo criollo. Su culto se había tornado en expresión de la conciencia nacional. El retablo mayor debió tener la misma temática y probablemente una estructura semejante a la del retablo de Santuario Mapethé que le fue contemporáneo.

Una de sus manifestaciones más claras del avance del liberalismo en la Pachuca del siglo XIX fue el cierre del hospital de San Juan de Dios que antecedió a la transformación del edificio en sede del Instituto Científico y Literario. La Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe se convirtió en el salón de actos Baltasar Muñoz Lumbier. El nombre fue establecido en honor del que fuera director del Instituto Científico y Literario entre 1893 y 1895. Baltasar Muñoz Lumbier era ingeniero metalúrgico, miembro de la Academia de Ciencias de París y profesor del Instituto Científico y Literario. El nombre del insigne profesor en el Salón de Actos del edificio universitario revela la voluntad de la institución por resaltar las funciones de investigación, docencia y gestión que son el corazón de la vida académica. El espacio que estuvo dedicado a la oración y la gloria de Dios, hoy es el lugar en el que decide el conocimiento y la razón.

De interés

Comentarios