Quizá todas aquellas imágenes no fotográficas que tienen la intención de comunicar algo se consideran ilustraciones: desde una simple mancha hasta la obra más elaborada.
En la frontera con las artes plásticas, la vieja polémica entre lo que se reconoce pintura e ilustración nos la resuelve la diferencia entre un escritor y un periodista. Ambos emplean los mismos materiales y herramientas pero el propósito y el resultado son bien distintos. Un escritor y un pintor trabajan por una necesidad personal de expresión. Trabajan para sí mismos.
Un periodista y un ilustrador trabajan en función de los demás; responden a una necesidad de comunicación. El ideal de los primeros es convertirse en artistas, los segundos anhelan ser profesionales.
Con objetividad hay que reconocer que la ilustración tiene como origen y destino facilitar la comprensión de una idea. Sugiriendo, insinuando, describiendo, complementando, motivando o incluso provocando, sola o acompañada de la palabra, da forma y color al pensamiento.

Trabajo de tramoya

Una ilustración se diseña; no es solo un dibujo bonito. Por eso no todo aquel que dibuja bien es un buen ilustrador. Al igual que los icebergs, en una ilustración la mayor parte del trabajo está oculta. La ilustración debe contemplarse como los dos rieles de una vía de tren; uno es el concepto y otro es la realización, si falla alguno, el tren no llegará a su destino. Los durmientes serían la cultura y estilo personales del ilustrador.
La ilustración exige dedicación y autocrítica, además de una larga, larga paciencia. De esta manera el resultado será tan gratificante como un platillo delicioso; preparado con buenos ingredientes, con amor, una estupenda presentación y una buena compañía.
¡A comer!

 

Déspotas, tiranos y
otros hijos del mal

Algarabía editorial, como parte de su colección Trivium, se complace en presentar el libro Déspotas, tiranos y otros hijos del mal, una investigación de Benjamín Troyse y Mario Zaragoza, que a manera de álbum, es un recorrido histórico de los personajes que han permanecido en el poder –en distintas épocas y latitudes– y han abusado de su posición en su beneficio.
Todos los personajes que se encuentran en este ejemplar abarcan diferentes épocas de la historia, divididas en tres bloques: de 500 AC a 1500 DC, de 1500 a 1900 y de 1900 a la fecha. Con una galería realizada por ilustraciones de Alejandro Cervera, que está conformada por déspotas, tiranos, dictadores y otros “hijos del mal” –como les llamamos sin discreción–.
Estos protagonistas del mal nos llevan por la historia para descubrir quiénes han transformado el mundo a su antojo, desde Falaris a Iván el Terrible, de Stalin a Francisco Franco y de Rafael Videla a Saddam Hussein, quienes se valieron de la manipulación, la represión, la intimidación y la aniquilación para conquistar territorios, imponer sus ideas y enriquecerse. Todos ellos, algunos más sanguinarios y crueles que otros, han dejado huella en la lista negra de la historia, por lo que son fácilmente reconocidos entre la sociedad como arquetipos de la maldad.
A través de una cómoda iconografía, este libro presenta a 86 personajes según su fecha, lugar de nacimiento, cargo, años en el poder y su ubicación geopolítica. Así fue como le dimos rostro a estos personajes y contamos en breve las “hazañas” que los han hecho merecer un espacio en este texto, que nace con la idea de hacer una recopilación más amplia a un artículo publicado en la revista Algarabía –hermana de esta editorial–.

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