“Nuestra religión es amar y venerar a los patronos”, escribió Emerson en su introducción a Hombres representativos. El héroe erigido así en objeto de culto es un santo secularizado.

Divinidad, profeta, libertador, revolucionario, reformador, rey u hombre de letras, son nombres, epítetos diferentes con los que se designan a los grandes hombres. Mensajeros del mundo de los valores, son quienes inician las grandes épocas creadoras de la historia. Ya lo mencionaba Thomas Carlyle: “La historia del mundo es… la biografía de los grandes hombres”. Hombre original pleno de dones primigenios, de fuego y de luz, el que aporta a la vida una intensidad que el hombre ordinario no podría alcanzar. El gran hombre está casi desprovisto de originalidad, lo que lo caracteriza ante todo es la amplitud de su receptividad. El hombre representativo es grande por absorción. Toda grandeza auténtica reside en la manera como se vive una gran idea y se la transforma en ejemplo.

El gran hombre domina mediante su accionar nuestra existencia, sin él, no seríamos capaces ni de representárnosla. Somos sus deudores por todos nuestros beneficios actuales. Propiamente hablando, él es único e irremplazable, le sirve a su época como punto de referencia seguro y mantiene a un nivel elevado el criterio de enjuiciamiento de las cosas.

Según Mircea Eliade, los héroes se distinguen de los humanos por el hecho de que continúan actuando después de muertos. Además, sus restos se cargan de temibles poderes mágico-religiosos. Sus tumbas, sus reliquias, sus cenotafios, operan sobre los vivos durante largos siglos. En cierto sentido, se podría decir que los héroes se acercan a la condición divina gracias a su muerte disfrutando de una postexistencia ilimitada que no es ni larvaria ni puramente espiritual, sino que consiste en una supervivencia sui generis, puesto que depende de los restos, de las huellas, de sus ideales.

Emiliano Zapata es el símbolo del agrarismo y de la lucha de los pueblos campesinos por la tierra, la justicia y la libertad. Emiliano Zapata es un héroe que sigue actuando aún después de muerto, la importancia histórica de Zapata y del movimiento que encabezó de campesinos, peones de haciendas, jornaleros agrícolas, arrendatarios, medieros, arrieros, indígenas, pequeños agricultores, obreros y comerciantes de Morelos, Guerrero, Puebla, Tlaxcala, Estado de México y sur de la CDMX e Hidalgo, se basa en el hecho de que, sin el zapatismo, la Revolución mexicana hubiera sido solamente una transformación política, un cambio de gobierno, que se hubiera limitado a la instauración de un régimen democrático como el que encabezó Francisco I Madero, pero que no habría significado una transformación en las estructuras económicas, sociales y culturales del país. El zapatismo fue el único movimiento de la Revolución que realizó una profunda reforma agraria, en la que los pueblos campesinos recuperaron la tierra y el uso de sus recursos naturales y los defendieron con las armas en la mano, tal y como lo establecía el artículo sexto del Plan de Ayala. Tutelados y protegidos por Emiliano Zapata los pueblos llevaron a cabo una de las más importantes experiencias de autogobierno y autoorganización, definida por el historiador Adolfo Gilly como la comuna de Morelos. El zapatismo ha sido uno de los temas más debatidos por los estudiosos de la Revolución. Dos libros clásicos, el de Jesús Sotelo Inclán, Raíz y razón de Zapata y el de John Womack Jr: Zapata y la Revolución mexicana, junto con La Revolución interrumpida de Adolfo Gilly, han sido los más influyentes para explicar la naturaleza y el papel del zapatismo en la Revolución.

En estas obras literarias ¡jamás! Se menciona ni se da a entender que Emiliano Zapata hubiese sido homosexual, excepto libelos que circulan como el caso de Un general de petate del autor Daniel Riazza que aborda la supuesta preferencia sexual masculina del prócer. Pero, ¿Por qué este absurdo morboso de denigrar a los héroes patrios? ¿A quién conviene estas difamaciones? ¿Se darán cuenta que hieren susceptibilidades? El hecho en sí por el que se debe recordar a Emiliano Zapata es por su lucha agraria y libertaria, más no por sus preferencias sexuales, en remoto caso de que hubiera sido homosexual, sin embargo, no es más que una difamación.

En días pasados se inauguró una muestra de arte en Bellas Artes, recinto por excelencia que da cabida a lo más granado del intelecto; la exposición se llama Emiliano, Zapata después de Zapata del autor Fabián Cháirez el cual, mediante una pintura de lo más vulgar refleja a un Zapata afeminado con un sombrero color rosa montando un caballo con un falo descomunal que nada tiene que ver con la lucha y el verdadero rostro del general.

No soy homofóbico, pero sé de la influencia que tiene una imagen tan importante en México, su efigie es de culto. En verdad, repito, el problema no es la preferencia homosexual de Zapata, que no existe como tal, sino la denigración que sufre la imagen de la lucha agrarista ya que Emiliano Zapata ni siquiera ya es dueño de su yo, él se ha convertido en una leyenda, en un mito, con los años su imagen es sinónimo de lucha revolucionaria agraria, la lucha por los marginados y desposeídos, el ímpetu de un hombre por luchas complejas que se ganan solo exponiendo la vida. Zapata es más que un nombre, más que un personaje, más que un episodio histórico en los libros de texto, Zapata es inmortal porque eternamente las luchas agrarias y reivindicaciones de los menesterosos seguirán vivas como vivo está el legado de Zapata.

La denigración vulgar y mezquina que está sufriendo el general Zapata es aberrante y por ello desde este espacio manifiesto mi repudio total a esa pintura errada, difamatoria y ramplona que incluso perjudica a la misma comunidad LGBT que lejos de obtener apoyo y conciencia de su lucha, solo obtiene el escarnio y la molestia de grupos agrarios y admiradores de Zapata que ven con indignación como su mayor creencia que está depositada en su líder moral, incluso espiritual, es ultrajada y ridiculizada hiriendo susceptibilidades para todo ferviente zapatista del siglo XXI. ¿Tú lo crees?… Yo también.

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