Raúl Arenas García
Área académica de ciencias de la comunicación

Sin duda, la humanidad ha sido sacudida por la pandemia del siglo XXI; los medios de comunicación juegan hoy un papel predominante en la difusión de la información que se comparte en prácticamente todo el mundo, sin embargo, existen un sinnúmero de problemas al momento de codificar y decodificar dicha información.

Las redes sociales bombardean diariamente datos, cifras, casos, afirmaciones, citas, hechos y sobretodo, percepciones personales sobre la enfermedad, lo cierto es que la sociedad debería de tener el criterio suficiente para apropiarse de la información veraz y oficial; sin embargo, en países como el nuestro, más del 6 por ciento de la población es analfabeta, según Inegi (2010). Aunado a ello, la Secretaría de Educación Pública reporta problemas severos que presenta la población alfabeta en cuanto a comprensión de textos; la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), reporta resultados poco alentadores que muestran el bajo nivel de comprensión lectora que México muestra con respecto al mundo, “para la mayoría de los mexicanos la afición de leer libros no es todavía una costumbre” (Gutiérrez, 2004:7).

Es por ello, que la apuesta se basa en mejorar los procesos de comunicación interpersonal con nuestros seres más cercanos, entendiendo esta como el intercambio y comprensión de información que se lleva a cabo entre dos o más personas, y es precisamente que una de las primeras acciones consiste en detectar a aquellos que tienen menor competencia en cuanto a la interpretación de textos y mensajes, lo que les impide tomar buenas decisiones y la formación de un criterio propio.

En los últimos meses se ha buscado destacar la responsabilidad y ética de los medios de comunicación y periodistas; en la conferencia “La comunicación en tiempos de pandemia”, organizada por la Universidad Católica Argentina (UCA), se reflexionó en temas de gran importancia, mencionando que cada vez que se habla de la pandemia, el impacto de esa información pone en riesgo la salud pública, es decir, cada dato compartido de manera errónea tiene un costo en la vida de las personas.

De ahí la invitación para acercarse siempre a fuentes confiables, evitando la distribución de una falsa información que cause perjuicios en los miembros de nuestra familia y nuestra comunidad. El ejemplo comienza en casa, es ahí en donde debemos de procurar dar un tratamiento respetuoso al tema e informar a los más cercanos sobre los riesgos que conlleva el no seguir las recomendaciones que las instancias especializadas y reconocidas hacen a la población.

Probablemente, el sector más joven es quien, en mayor medida, no acata del todo las recomendaciones que organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OCDE, emiten de manera cotidiana. Son precisamente ellos quienes realizan mayor actividad en redes sociales y comparten todo tipo de información sin haber reflexionado o contrastado la naturaleza de la misma.

Es por ello, que se recomienda tener una mejor comunicación desde casa, todos los miembros de la familia y abordar el tema con más respeto, mayor conciencia y mejor calidad en los contenidos a los que nos referimos.

La Academia Americana de Pediatría (American Academic of Pedriatics), a través de la organización Healthy Children (2020), recomienda lo siguiente:

-Comunicación directa y honesta.

-El trabajo en conjunto para crear nuevas rutinas en casa.

-Generar ambientes que propicien una mayor calma y menor estrés.

-Permitir tiempos de descanso e inactividad.

-Reforzamiento del tema de quedarse en casa como acción para salvar vidas.

-El distanciamiento social como estrategia para la disminución de la propagación del virus.

-Diálogos enfocados sobre lo que vendrá después de la pandemia, haciendo planes y estableciendo metas.

-Estar alerta sobre las señales de problemas de salud.

-Permitir que los miembros de su familia permanezcan conectados con sus amigos y seres queridos ya sea por teléfono, mensajes de texto, chats de video o redes sociales.

Tomando conciencia de que la información que obtenemos en las redes y en algunos medios de comunicación no siempre es la mejor, podemos contribuir a que la población más joven sea más crítica ante los contenidos que, en vez de sumarse a las acciones preventivas, desorientan y relajan las medidas sanitarias a las que nos hemos adherido para garantizar una mejor conservación de la salud.

Sin duda, el proceso comunicativo no es nada sencillo; sin embargo, existen muchas opciones que nos pueden apoyar de una manera más confiable. Aquí algunos ejemplos:

Academia Americana de Pediatría: www.healthychildren.org.

Secretaría de Salud (México): https://www.gob.mx/salud.

Organización Mundial de la Salud: https://www.who.int/es/health-topics/coronavirus.

Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC): https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/index-sp.html.

Covid-19. Consejos para informar. Guía para periodistas: www.paho.org/es/documentos/covid-19-consejos-para-informar-guia-para-periodistas.

Página web sobre el Covid-19: www.paho.org/coronavirus.

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