La fiscalización, la supervisión de la aplicación de recursos, la transparencia al momento de licitar cualquier obra, no son necedades ni procesos burocráticos superfluos, son pasos necesarios que permiten reducir problemas en el futuro. Las obras que son entregadas con defectos o incompletas son bombas de tiempo que explotarán en el futuro, se autodestruirán o causarán daño a sus propios usuarios, a los ciudadanos que teóricamente deben disfrutar su ejecución. Hace dos semanas este diario le informó que el velódromo Bicentenario, obra inaugurada en 2011 por el entonces gobernador Miguel Osorio, hoy no funciona debido a que no se le dio el mantenimiento debido. Esa obra, que costó 28 millones de pesos y fue construida mediante tres etapas, hoy es inservible porque ningún ciclista puede correr esa pista so riesgo de accidentarse. ¿Qué fue lo que ocurrió? La obra se entregó, pero mal. Un velódromo debe tener un cuidadoso mantenimiento y además, preferentemente, debe estar techado para que las condiciones climáticas externas no destruyan la pista. Pero, en este caso, ni fue construido con un techo que disminuyera el desgaste que implica el contacto con el Sol, ni tampoco fue previsto un programa de mantenimiento que ayudara a tener la pista en óptimas condiciones. Entonces, hoy el velódromo es inservible. No es gratuito que haya comités de obra y que quienes saben de obra pública vigilen que la infraestructura sirva y funcione más allá de su inauguración. De filón. Otro ejemplo de que hacer algo a medias puede ser letal, lo tenemos en Tepeji. Resulta que un joven de 16 años murió atropellado sobre la autopista México-Querétaro, a la altura de dicho municipio, justo en el lugar donde hace un par de semanas Caminos y Puentes Federales (Capufe) desmanteló un puente peatonal para que pudiera pasar una enorme caldera que servirá para la reconfiguración de la refinería. Pero como no regresaron a montarlo y dejarlo en su lugar, ya hubo una víctima. La importancia de hacer las cosas bien.

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