La Improlucha, una trinchera de libertad

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lucha
El objetivo fue narrar y ejecutar distintas historias que surgían en la inmediatez

ALEJANDRA RODRIGO
Pachuca.- Por primera vez en Pachuca, el 24 de julio a las 20 horas fue presentado en el teatro Cedrus el espectáculo La Improlucha, integrado por distintas disciplinas, como teatro, música en vivo y lucha libre.

El impro es una técnica desarrollada por Keith Johnstone, representativa del siglo XX. Por un lado, el objetivo era proporcionar al actor herramientas lúdicas de construcción teatral, y por otro, restar al teatro convencional el vínculo elitista que tanto caracteriza a los espectáculos intelectuales.

Así, Johnstone revitalizó el drama, invitando al público a ese modelo titulado Theatre Sport, el teatro del deporte, lo que actualmente conocemos como impro.

La gran propuesta de Keith es devolver al adulto la capacidad creativa del niño liberado, por medio de conceptos como la espontaneidad, el juego de estatus, el uso del sí (cabe recalcar que es con acento, a diferencia del “si…” de Stanislavski, que es condicionante, en la propuesta de Jonhstone es una aceptación) prestar atención, reaccionar a la emoción presente, confiar en la primera idea del pensamiento, accionar al primer impulso, aceptar el ridículo es romper con la educación social.

Esa técnica permitió que distintas personas de diferentes áreas laborales se subieran al escenario elevando su ser social a una genialidad creativa. El impro es una herramienta fundamental para actores, con la cual perfeccionan su método creativo. Este rompimiento en la escena tradicional regresó al teatro su sentido de divertimento y, por ende, la comunión entre el espectador y lo representado.

Así, el deporte teatral se hizo presente en el escenario del teatro Cedrus con un cuadrilátero de lucha libre, espacio designado para la construcción de breves historias. El espectáculo abrió con la presentación de tres gladiadores de la música (rockeros), dos duplas que respondían al llamado de godinexmen (técnicos) y fauna nociva (rudos) y por supuesto un réferi (rudo), llamado El Pechuga, quien estableció las reglas del juego: 1) se vale absolutamente todo; 2) los luchadores improvisarán historias, con las propuestas previas realizadas por los asistentes; 3) el público elige a la dupla ganadora por medio de una votación; 4) no puede haber empate; y 5) la improlucha no discrimina.

Las reglas anunciadas por el referí resultaron un acto de liberación, el rompimiento con el ser correctamente social y el entusiasmo del público resultó un estímulo para el improvisador, lo que provocó un juego dialéctico entre el espectador y el actor. El objetivo fue narrar y ejecutar de una forma clara y precisa distintas historias que surgían en la inmediatez del presente.

Por medio de la inteligencia, la estrategia, el combate, la mímica, lo absurdo, lo correcto, etcétera; el público fue atrapado por una lucha constante de creatividad y emoción.

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