Desde lejos es difícil apreciar los hechos. Se tiene una idea de lo que pasa, pero hasta que uno está en medio del huracán entiende la magnitud del fenómeno. Las protestas a raíz del alza en los precios de la gasolina han sido mucho más intensas en varios municipios del Valle del Mezquital. Esto ocurrió principalmente en Ixmiquilpan y Actopan, lugares donde sus pobladores esperan listos la llegada, una vez más, de los policías federales y estatales que intentarán, tarde o temprano, abrir el paso de la carretera México-Laredo. Aunque es previsible que los federales encontrarán una resistencia aún mayor de los inconformes y la población de esa región. ¿La razón? Hubo dos muertos: Alan Giovani Gutiérrez, originario de Dios Padre, y Alfredo Pérez, de Maguey Blanco. Los pobladores en resistencia atribuyen la muerte de ambos jóvenes a “la Policía federal”. La asamblea popular celebrada ayer, a la que pudo asistir este diario, resolvió que los responsables de la muerte fueron los uniformados. Y entonces lo que empezó como una protesta contra el alza en el precio de las gasolinas se volvió algo más complejo. Envalentonados, quienes viven en Ixmiquilpan y su zona cercana ahora asumen la resistencia contra la gasolina como una bandera de lucha común contra algo más grande y abstracto. Quizá no lo vean claro, pero su lucha es contra los agravios que se acumulan desde hace décadas. Solo faltaba un chispazo para concentrar ese enojo. No obstante, la lucha tomará otro cauce cuando comiencen a escasear víveres, agua, los bienes básicos para vivir. El aumento del precio en el combustible abrió la caja de Pandora. ¿Quién se atreve a cerrarla? De filón. Y como si faltara presión sobre nuestro país, el presidente electo de Estados Unidos Donald Trump mantiene su retórica antimexicana a todo galope. Y no se ve que vaya a cambiar algo cuando asuma su cargo.

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