Los mexicanos están librando una lucha política, la correlación de fuerzas se han polarizado, por un lado están los que pretenden restablecer y llevar a sus últimas consecuencias un modelo económico vertical, donde las grandes empresas trasnacionales sigan dominando los procesos productivos y de mercado, ampliando su control, como está sucediendo con los energéticos y los alimentos, tanto en su producción como en su distribución.

Escuchar los “¡viva México!” como homenaje a los héroes, sin una visión de futuro y sin aplicar los legados por los que entregaron su vida, junto a la de muchos connacionales, significa una ofensa a su memoria, la lucha que nos dio patria y libertad en 1810 significó romper con la dependencia de la España medieval y colonialista, enfrentamiento que perduró desde 1521 hasta 1821, la inestabilidad política que posteriormente se vivió despertó la ambición de franceses y estadunidenses, pero la dependencia económica que hasta hoy prevalece, fincó sus bases con Porfirio Díaz, quien abrió la economía nacional a las inversiones norteamericanas, inglesas y francesas, en la minería, ferrocarriles y el incipiente petróleo.

La participación de las empresas extranjeras en la naciente economía mexicana generó perdida de territorios, centralismos y poca infraestructura, se legisló a favor de la concentración de la riqueza y de la propiedad territorial, generando marginación y pobreza, propiciándose la revolución de 1910, considerada como el primer movimiento social del siglo XX, la Constitución de 1917, caracterizada por su elevado sentido social, dada su identificación con las aspiraciones políticas, económicas y sociales de los mexicanos marginados.

Francisco I. Madero, sucesor de Porfirio Díaz, quiso corregir la ilegalidad de las empresas extranjeras, pero fue asesinado con la connivencia de Victoriano Huerta, Félix Díaz y el embajador estadunidense Henry L Wilson.

Si bien nuestra Constitución representó un gran avance social, su falta de cabal cumplimiento, no logró que la nación consolidara su independencia económica; al grado de que la gran depresión que padeciera Estados Unidos en 1929-33, impactó negativamente a México, con un gran desempleo y el rezago del ingreso laboral, derivando en una gran desigualdad social, incrementándose la población en pobreza.

Los gobernantes de ese entonces se decidieron por Estados Unidos como el único comprador, imponiendo sus condiciones, les destinamos 80 por ciento de nuestras exportaciones, porcentaje que determina el grado de la dependencia de nuestra economía a la norteamericana, si su economía entra en crisis como en 1999 a nosotros nos va peor, claro por los déficits comerciales. Las históricas crisis económicas nacionales se originaron por la industrialización, basada en la sustitución de importaciones, originada por la dependencia comercial.

La dependencia económica histórico-estructural de México está determinada por la internacionalización de los procesos productivos y tecnológicos que incluye a la propiedad industrial e intelectual, así como por las exportaciones y la deuda externa.

En ese neoliberalismo económico que todavía estamos padeciendo, la acumulación de déficits ya se ve como algo normal, los gobiernos, sobretodo el de Peña Nieto, no ha generado acciones correctivas, se concreta a plantear como éxito lo que exportan las trasnacionales, pero no explica por qué, el resto de la estructura productiva importa más de lo que exporta, sobre todo en maquinaria y equipo.

Durante el sexenio que está por terminar el déficit en la cuenta corriente asciende a menos 89 mil 975 millones de dólares, mientras que la deuda está creciendo exponencialmente, pasó de 202 mil millones de pesos en 1990, a más de 10 billones de pesos en 2018.

La independencia económica de México solo se puede lograr desde la óptica de los procesos acelerados de la creación y desarrollo tecnológico como de los avances de la sociedad digital; un marco de referencia puede ser la Agenda Digital que 100 investigadores de 14 universidades holandesas desarrollaron, el concepto central es “construir una sociedad a prueba de futuro”, lo que significa, que sobre todo, los jóvenes estén al día con el avance del conocimiento, ojalá y el Programa de jóvenes construyendo el futuro, del gobierno próximo a entrar en funciones, tenga esa orientación.

Por los niños y niñas y por todos los jóvenes, debemos lograr la independencia económica, ¿no lo cree usted?

Comentarios