La lucha por la independencia de 1810 fue política, los Estados Unidos Mexicanos nació como nación el 27 de septiembre de 1821, a la entrada del ejército Trigarante a la Ciudad de México.

La independencia es un proceso histórico en lo político, lo económico y lo social, un proceso multidimensional y permanente ante las ambiciones de gobernantes, sobre todo de las naciones llamadas desarrolladas y de las corporaciones transnacionales que nunca han cesado ni terminarán.

Los recursos naturales y humanos son el motivo de la hegemonía política, del alineamiento y del dominio, sobre todo en lo económico, siendo los mercados el campo actual de batallas comerciales vía aranceles a la importación, derribándose el mito que en el libre mercado todas las naciones ganan.

Las estrategias para apropiarse de los recursos naturales incluye acusaciones falsas, como las que hicieron EU a Irak, de contar con armas de destrucción masiva, las cuales nunca fueron encontradas, pero constituyeron el pretexto para la invasión de esa nación, donde los yacimientos petroleros ahora son explotados por empresas norteamericanas y las bases militares son posiciones geoestratégicas de los EU en esa región.

La imposición de políticas económicas que favorecen a las transnacionales proviene de organismos internacionales, donde EU tiene peso específico en la toma de las decisiones, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

El golpe de Estado en Chile fue orquestado por EU, con el fin de contener el cambio que impulsaba Salvador Allende; bajo la dictadura militar de Pinochet se realizó la privatización y desregulación para facilitar la explotación de los recursos naturales, sobre todo los mineros, por parte de las empresas transnacionales y los sectores financieros. Hoy las bases militares de EU controlan la política de seguridad, más allá del control del poder político civil.

Los últimos acontecimientos en la economía global se caracterizan por conflictos comerciales que se multiplican, en paralelo los retos productivos se tornan más complicados, dejando como alternativa a las naciones los mecanismos unilaterales o bilaterales, propiciándose el tránsito a condiciones donde impere el más fuerte afectando las cadenas internacionales de valor.

El punto de inflexión del desarrollo tecnológico-científico, ha generado impactos que son irreversibles en velocidad y profundidad, en las dinámicas socioeconómicas, dando forma a un nuevo modelo económico global, sobre todo en la dinámica comercial, las inversiones y el poder geopolítico militar.

Las disrupciones tecnológicas de las transnacionales desbordan los marcos regulatorios, superando fronteras nacionales, siendo un factor que incrementan sus rendimientos sin correspondencia fiscal, afectando negativamente a las economías emergentes como la mexicana.

Las empresas transnacionales, poseedoras de capacidades de investigación y desarrollos tecnológicos, tienen la flexibilidad de trasladarse de un país a otro, aprovechando recursos, mano de obra barata y exenciones fiscales, aplicando sus inversiones para coberturas de riesgo y arbitraje tributario antes que para ampliar la infraestructura productiva, creando así verdaderos enclaves.

Mientras que las Mipymes locales se ven afectadas por la fragmentación de la economía global y los rezagos en materia de investigación y desarrollo tecnológico, enfrentándose a las tecnologías de punta en constante escalamiento.

El estancamiento de nuestra economía y la insultante desigualdad no podrán superarse con un 0.4 por ciento del PIB en I+D, tampoco será suficiente para competir con la alta productividad de las transnacionales.

La otra independencia es la tecnológica, que implica lograr una estructura productiva altamente competitiva, tanto a nivel nacional como internacional, sobre todo porque las transnacionales están tanto en los mercados globales como en el territorio nacional, son ellas las que dominan los principales mercados en el país.

Ya somos importadores de granos, ya las grandes transnacionales como Bayer/Monsanto, Syngenta, Coterva, Basf, IBM, Cisco y Huawei, entre otras, están incursionando, mediante las tecnologías del big data, Internet de las cosas y la inteligencia artificial, en el paradigma denominado “agricultura sin agricultores” controlando la producción de alimentos, desde la semilla hasta el plato y el reciclaje de residuos. No dudo que impondrán nuevos patrones de consumo en aras de la eficiencia, ni tampoco dudo que los más baratos serán los alimentos chatarra y los nutritivos o menos dañinos, serán los más caros. ¿No lo cree usted?

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