¿Por qué están indignados los ciudadanos mexicanos? Las causas son diversas y avanzan por un amplio espectro de razones, que van desde la crisis económica de ya varias generaciones que lo único que tienen frente a sí es desempleo, precariedad salarial, inseguridad y corrupción; y a esa explosiva expresión de desencanto se agrega la pobreza, la desigualdad en la que sobrevive la mitad de la población.
Indignación, desesperanza y rabia son una combinación social y políticamente desaconsejable, pues ese estado de malestar no es el mejor abono para generar ideas, propuestas sobre el futuro deseable, el futuro posible. Tenemos frente a nosotros una sociedad desencantada con la política y los políticos, una sociedad indignada y paralelamente ausente, una sociedad que reprueba muchas de las políticas públicas pero que no propone; hastiada, resentida, pero sin los cauces que la conduzcan de la cohesión social a las propuestas. Esta es la sociedad que va a salir a votar el primero de julio, con sentimientos encontrados, enojada sí, pero también expectante, deseosa, pero sobre todo confiando plenamente en una nueva alternativa política.
A esa sociedad cansada y demandante deberá responder el nuevo presidente de México, deberá hacerlo ya no con el discurso viscoso, abigarrado, donde lo mismo caben el estatismo que las reformas, la amnistía que el Estado de Derecho, deberán aparecer las definiciones, los contornos, las fronteras, inevitablemente el discurso político deberá transitar de las promesas a las instituciones que deben dar voz y resultados.
Idealmente, la indignación debe ser el puente que conduzca hacia nuevos bancos de confianza pública, no será así, al menos no en lo inmediato; la primera tarea es construir los instrumentos confiables de navegación en las aguas turbulentas de la política, esto obliga a formular preguntas básicas: si en verdad tenemos una política económica correcta, ¿por qué el nivel de crecimiento del producto interno bruto (PIB) es insuficiente (mediocre)? ¿Por qué la mitad de la población continúa viviendo en la pobreza? ¿Cómo se va a enfrentar la violencia criminal que hoy alcanza la pavorosa cifra de 35 mil muertos anuales? En la agenda está también el grave tema de la corrupción, que lo carcome todo. “Por su indiferencia, por su egoísmo, por sus vicios, la clase que entonces gobernaba se volvió indigna e incapaz de gobernar (Alexis de Tocqueville).”
La tarea es compleja, su primer reto es partir de una realidad desideologizada, que reconozca los cimientos de disciplina fiscal, estabilidad financiera y monetaria, apertura y mercado(s); México no es una isla, no hay ya espacios para jugar con la irresponsabilidad. En la otra coordenada se encuentra el neoliberalismo, que ascendió como ideología y práctica dominante, esta formulación implica que los compromisos del Estado democrático con la igualdad, libertad, inclusión y constitucionalidad “ahora se subordinan al proyecto de crecimiento económico, posicionamiento competitivo y mejora de capital… La razón neoliberal está convirtiendo el carácter claramente político, el significado y la operación de los elementos constitutivos de la democracia en algo económico (El pueblo sin atributos, Wendy Brown)”.
Reconocer esas realidades ayudará a que el nuevo partido en el gobierno transite de la democracia liberal al liberalismo democrático. Quizá la consecuencia mayor de la indignación sea –idealmente– enterrar para siempre cualquier tipo de partido hegemónico, donde una de sus principales expresiones es su capacidad para incorporar a una amplia franja de fuerzas políticas y sociales “en un complejo sistema corporativo y clientelar de corte autoritario que convierta al presidente en turno en el árbitro absoluto e indiscutible de la política nacional (Luis Salazar)”, este es, quizá, el mayor temor y reto para adelante.

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