Todas las economías de la sociedad global están al borde de una crisis de grandes magnitudes, la complejidad supera a las teorías económicas clásicas, que no explican y menos solucionan, situaciones como la desigualdad, el empobrecimiento de grandes masas, la cada vez más aguda migración, la pérdida de la biodiversidad y el cambio climático, propiciando patologías sociales como la criminalidad, la violencia extrema, e inestabilidades políticas.

Explicar las nuevas dinámicas económicas requiere de nuevas categorías teórico-analíticas, como las de la economía circular y del conocimiento e innovación, donde la práctica económica supere al modelo neoliberal-piramidal, y ponga al ser humano, en lugar del capital, en el centro de la economía y de la sociedad, parece utópico, pero no hay otra ruta para la sobrevivencia de la especie humana.

De lo contrario el corporativismo, de las grandes empresas trasnacionales, será el que determine la conducción de la economía, acotando al Estado a mero regulador a favor de ellas, facilitando la depredación de los recursos naturales sobre todo de las naciones tecnológicamente más rezagadas y por ende más vulnerables, sin acceso a una alimentación sana y funcional, con urgente necesidad de superar sus limitaciones en educación, como ruta de superación personal y social.

Las nuevas reflexiones científicas están dando origen a nuevos modelos, aplicando distintos conceptos como: paradigmas tecnológicos, aprendizajes tecnológicos, capacidades tecnológicas, sistemas nacionales y regionales de innovación, ecosistemas empresariales científicos y tecnológicos, como la imprescindible e impostergable transferencia tecnológica y de conocimientos, donde la nueva visión de la propiedad industrial e intelectual tiene un papel estratégico.

Los derechos de propiedad industrial e intelectual registraron una revalorización y profunda transformación a partir de la imposición de EU en la última ronda de Uruguay del GATT en 1986, identificándose tres vertientes fundamentales: A) La expansión del conocimiento tecnológico patentable, de 800 mil a 3.

3 millones de patentes entre 1990 y 2018; B) El predominio de la jurisprudencia estadunidense inclinada a fortalecer la protección industrial e intelectual y C) El paso de un modelo de ciencia abierta a un modelo cerrado orientado a la mercantilización del conocimiento y de la creatividad resultante de la I+D.

Estos criterios conformaron el paradigma global de la propiedad intelectual e industrial denominado “Acuerdo sobre aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio” tomado por la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Marrakech en 1994.

Quien domina la propiedad industrial e intelectual domina los mercados, y quien domina los mercados domina el mundo, sometiendo a los países rezagados tecnológicamente.

Según cifras del Instituto Mexicano de Propiedad Industrial (IMPI) en 2018, recibió 21 mil 205 solicitudes (incluyendo patentes, modelos de utilidad, diseño industrial y circuitos integrados) el 82 por ciento fueron de extranjeros, solo el 3 por ciento fueron de instituciones de educación Superior públicas (IES); las concesionadas en ese año fueron en total 11 mil 917, de las cuales el 88 por ciento fueron de extranjeros, y solo el 1.

9 por ciento para las IES. A nivel mundial, México ocupa el lugar 32, 18 y 35 en patentes, marcas y diseños industriales. Es evidencia irrefutable de nuestro rezago tecnológico y de la falta de un sentido social.

El senador Ernesto Pérez Astorga presentó la iniciativa con proyecto de decreto por el que se expide la ley de propiedad industrial, iniciativa con la que se propone abrogar la ley de propiedad industrial del 27 de junio de 1991 y todas sus reformas; son los mismos siete títulos pero con un incremento de artículos de 229 a 384, antes que proponer un esquema que impulse la I+D con impacto social, se concreta a fortalecer las facultades del IMPI, colocándolo como juez y parte de la propiedad industrial, digamos como la inquisición en esta materia.

Lo que verdaderamente hace falta son esquemas como el de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) que puso en marcha en octubre del 2011, la iniciativa “WIPO Re: Search la propiedad intelectual al servicio del bienestar social”, con el objetivo de impulsar la investigación de enfermedades tropicales desatendidas. En México hace falta algo así para la diabetes y el cáncer infantil, por lo menos, ¿no lo cree usted?

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