La enorme dependencia de la economía mexicana a la de Estados Unidos de América ocasiona una angustiosa incertidumbre sobre las ocurrencias del presidente Donald Trump sobre México, ya que cualquier comentario que el magnate estadunidense realice tiene serias repercusiones sobre los mercados financieros nacionales, los cuales están pendientes de los comentarios o decisiones que asuma el gobernante del vecino país del norte.
Un ejemplo es la depreciación del peso frente al dólar en días pasados. Resulta que el dólar se abarató a niveles no vistos desde principios de octubre de 2017, cotizándose hasta en 18.30 pesos al mayoreo por las declaraciones del secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, en el sentido de que un dólar más débil permitiría reducir el déficit comercial de Estados Unidos.
Bastó que el presidente estadunidense Trump declarara que se había malinterpretado a Mnuchin y que lo que él quiere es un dólar más fuerte, para que inmediatamente se encareciera la moneda norteamericana hasta cotizarse 18.63 en pocos minutos gracias a la actual renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), situación que tiene a la economía mexicana pendiente de las expresiones de Trump o de sus colaboradores.
Para México sería un serio problema que las negociaciones del TLCAN no resulten favorables o que de plano el presidente Donald Trump decida que Estados Unidos abandone el tratado comercial como ha amenazado, ya que la economía nacional depende en un alto grado de las exportaciones y comercio con el vecino país del norte.
A pesar de que el país tiene suscritos varios acuerdos comerciales con otras naciones o regiones del mundo, su principal interés se ha centrado en el mercado norteamericano desde la firma del TLCAN durante el sexenio del expresidente priista Carlos Salinas de Gortari. Los gobernantes que le sucedieron, incluido Enrique Peña Nieto, han sido incapaces de diversificar las exportaciones mexicanas con otros países, por lo que hoy que está el TLCAN en la mesa de las renegociaciones la incertidumbre sobre qué decisión asuma Trump al respecto tiene en jaque a la economía nacional.
Aunque el actual gobierno del presidente Enrique Peña Nieto gaste millonarias sumas en campañas publicitarias para hacer creer al pueblo que México está en el paraíso, la realidad es que la actual administración priista tiene muchos saldos negativos, ya que las reformas fiscal, energética, educativa y de telecomunicaciones simplemente no han funcionado y, por el contrario al bienestar que prometió generarían, han provocado más pobreza, carestía, empleos mal pagados y el despojo de los recursos naturales nacionales.
Son varios los analistas políticos que dan cuenta de manera cotidiana de que la campaña electoral del candidato del PRI –o mejor dicho, del presidente Peña Nieto– simplemente no logra despegar, y no despegará por los negativos saldos que ha generado el gobierno de peñanietista en los bolsillos de la mayoría de los mexicanos.
El pueblo se siente defraudado, engañado y vejado en su mayoría por las malas cuentas del actual gobierno de Enrique Peña, principalmente en materia económica, así como por los permanentes escándalos de corrupción e impunidad absoluta de los exgobernadores tricolores, quienes se mantienen “intocables” por el temor a que “canten” todo lo que saben sobre los millonarios desvíos de recursos públicos a las pasadas campañas electorales priistas, principalmente la del Estado de México.
Desde esta perspectiva, la administración de Peña Nieto, que también se ha visto envuelta en escándalos de corrupción como el caso de la Casa Blanca, se encamina a la recta final con un saldo negativo por su notoria incapacidad para hacer crecer la economía nacional, por hacerse de la vista gorda ante los casos de corrupción de los exgobernadores tricolores y por no terminar con la inseguridad pública, entre otras cosas.
En caso de que Donald Trump cumpla su amenaza de que Estados Unidos abandone el TLCAN, el gobierno de Peña Nieto entregará muy malas cuentas de su administración, pues dejaría a México sumido en una delicada situación, como sucedía con las crisis recurrentes de los gobiernos priistas de antaño.
Así que hoy México no es dueño de decidir su futuro económico, sino lo es Donald Trump.

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