Si la inteligencia artificial (IA) definirá el dominio geoestratégico en la próxima generación, su ideología emergente marcará el destino de la humanidad.
Ya el zar Vlady Putin había alertado de que quien domine la IA controlará al mundo.
Detrás de las amenazas de “guerra comercial” de EU y China se encuentra el “posicionamiento tecnológico que marcará el siglo XXI sobre la primacía de la IA cuando Beijín ha proclamado que será el líder indiscutible en 2030”.
Quedó atrás la caduca taxonomía de “derecha” e “izquierda” que floreció durante la Guerra Fría en la etapa bipolar entre EU y la ex-URSS, hoy la ideología en el mundo se encuentra fracturada entre los “globalistas” –encabezados por el megaespeculador George Soros y la dupla británica del The Economist / The Financial Times, acoplados a los poderosos multimedia israelí-anglosajones de Occidente –contra los “nacionalistas”–donde prevalecen Trump, el zar Vlady Putin y el mandarín Xi con sus respectivas idiosincrasias–, al unísono de sus puntuales resurrecciones en la Unión europea.
Yair, hijo del primer israelí Bibi Netanyahu, sentenció con entonaciones nacionalistas sarcásticas que Soros “controla al mundo.
A 200 años del aniversario del nacimiento de Marx, Nathan Gardels (NG),editor en jefe del The World Post –en colaboración con The Washington Post y el Instituto Berggruen– aduce que la “IA agudizará la división entre Occidente y Oriente”.
NG no oculta su proclividad ideológica y reduce a la IA a su lecho de procusto cerebral: la conectividad digital y los algoritmos están mejor en manos de los “libertarios (sic) de Silicon Valley” que en las de China con su “mentalidad autoritaria que empodera al Estado”.
Arguye que el mundo digital se encuentra dividido entre el “espionaje capitalista” de Occidente y el “monitoreo del mandarinato de China”. Se olvida que Snowden y Assange son hijos de Occidente.
Feng Xiang(FX) –profesor de leyes en la Universidad Tsinghua– argumenta que la “IA marcará el fin del capitalismo”.
Considera que “si la IA permanece bajo control de las fuerzas del mercado, desembocará en forma inexorable en un megarico oligopolio de datos de multimillonarios que cosecharán la riqueza creada por los robots que desplazan la mano de obra, dejando un masivo desempleo a su alrededor”.
Juzga que la “economía de mercado socialista” de China “puede proveer una solución”, si la IA “asigna en forma racional (sic) recursos mediante los análisis de macrodatos y si las robustas asas de retroalimentación pueden suplir las imperfecciones de la “mano invisible”, mientras se “comparte en forma equitativa la inmensa riqueza que crea”, en medio de una “funcional economía planificada”.
El peligro de la IA, que “avanza en una tecnología de propósito general”, es que permanezca en “manos privadas que sirven los intereses de unos cuantos”.
Aduce que la “inevitabilidad del desempleo masivo y la demanda por el bienestar universal conducirán la idea de socializar (sic) o nacionalizar (sic) la IA”.
El “capitalismo digital” fantaseó el bienestar social, como sucede con los multimillonarios de Google y Apple que esconden sus inmensas ganancias en los paraísos fiscales para evadir impuestos, lo cual choca con su lema hipócrita de “responsabilidad social”.
El escándalo de la empresa británica Cambridge Analytica, obligada a cerrar, con Facebook y su “modelo de negocios” –que coloca a las ganancias por encima de una “ciudadanía responsable”–, es la forma en que funciona el “capitalismo digital” en detrimento de la sociedad.
Alega que en China las empresas privadas de Internet como Alibaba y Tencent son “monitoreadas por el Estado” y “no se encuentran por encima del control social”.
Juzga que la “misma penetrabilidad de la IA marcará el fin del dominio del mercado” cuando “solo produce desempleo”, no se diga con los robots, por lo que “no existe una mejor alternativa que la intervención del Estado”.
El “capitalismo laissez faire” desembocará en la “dictadura de los oligarcas de la IA que colectan rentas debido a que tienen reglas de propiedad intelectual sobre los medios de producción”.
Así como las armas nucleares y bioquímicas, “la exclusiva tecnología de punta o el núcleo de las plataformas de IA deben pertenecer a un Estado fuerte y estable que garantice la seguridad de la sociedad”.
FX concluye con la frase: “!Uníos robots del mundo!”.
El sociólogo Anthony Giddens(AG) –anterior director de la London School of Economics y exponente de la fracasada Tercera vía que fue un engaño del “ofertismo fiscal” dentro de la depredación neoliberal– propone en forma antigravitatoria y desfasada una Carta Magna para la “Era digital”, en similitud a la que adoptó Inglaterra (sic) en 1215 para “frenar a los reyes de abusar de su poder” cuando hoy “los nuevos reyes son las grandes empresas tecnológicas”. Su comparación es desigual e inarticulada.
AG considera que la “Revolución digital es la mayor fuerza dinámica en el mundo” y “afecta todo desde la intimidad de la vida cotidiana hasta las luchas geopolíticas” cuando “al mismo tiempo fractura y divide”.
La “evolución de la IA” comporta tres fases distintas: 1.- Los trabajos pioneros de Alan Turing durante la segunda Guerra Mundial hasta los finales de 1980, dominados por los “gobiernos y la academia”; 2.- La emergencia de Silicon Valley; y 3.- “Retorno del Estado (¡súper-sic!) y un dominio publico mayor”.
Mas allá de sus aspectos positivos, sus “aspectos negativos son profundos (¡mega-sic!)” con “amenazas al tejido mismo de la democracia” cuando los “movimientos online desafían o hasta desplazan a los principales partidos políticos”, al unísono de “avances dramáticos en el aprendizaje de las maquinas”.
AG participó en un grupo de trabajo del “comité selecto (sic) de la Cámara de los Lores sobre IA” que publicó un reporte que propone “reformas para encontrar un nuevo equilibrio entre la innovación y la responsabilidad de las trasnacionales”.
Su “selecta” Carta Magna esboza “intervenciones prácticas de los gobiernos (¡súper-sic!)”: la IA debe “ser desarrollada para el bien común; operar con los principios de inteligibilidad y equidad”; respetar los derechos de la privacía”; estar basado en cambios de envergadura en la educación y “nunca conceder el poder autónomo para dañar (sic), destruir o engañar (sic) a los humanos”.
Dejando de lado los fake news israelí-anglosajones, el problema de la Carta Magna de AG es su implícita israelización sobre la identidad y operabilidad de su futuro árbitro.
Hoy con bendición anglosajona, Israel, potencia digitálica cabal que ostenta 400 bombas atómicas clandestinas, se da el lujo de manipular los datos de la Organización Internacional de Energía Atómica para torpedear los acuerdos con Irán cuando ni firma el Tratado de No-Proliferación de Armas Nucleares.
La “selecta” israelización de la IA es uno de sus principales escollos.
Quien controle la IA, impondrá su modelo.

@AlfredoJalifeR_
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