El proceso de globalización que atestiguamos en la primera mitad del siglo XXI es contundente. La desmaterialización del trabajo permite a las empresas del mundo reclutar a los mejores profesionistas de cada disciplina, con independencia de su origen y localización geográfica, haciendo uso de las tecnologías de la información y comunicación (TICs) para impulsar el trabajo a distancia. Asimismo, el acercamiento tecnológico permite a las instituciones de cualquier nacionalidad encomendar trabajos de investigación y desarrollo a instituciones de educación superior y centros de investigación científica localizados en cualquier latitud.
Anteriormente, la mayoría de las universidades se enfocaba a capacitar individuos para cubrir la demanda de trabajo local. Sin embargo, las condiciones actuales exigen que las instituciones evolucionen para formar capital humano y realizar investigación y desarrollo de igual o mejor calidad que los de las mejores instituciones del mundo.
Desafortunadamente las instituciones educativas de nuestro país aún están lejos de alcanzar un nivel de reconocimiento en calidad comparable con las principales instituciones educativas del mundo. En realidad, ninguna de las universidades que tienen su sede principal en México aparece en los primeros 150 lugares de la clasificación mundial de calidad académica publicado anualmente por QS University Ranking.
La clasificación de QS no necesariamente significa que la institución evaluada realice un inadecuado trabajo académico. El problema es que por lo menos el 50 por ciento de los elementos de evaluación tienen que ver con el reconocimiento de la institución en el mundo, incluyendo citas internacionales de obras de sus autores, porcentaje de profesores y estudiantes internacionales, así como reputación global entre empleadores y académicos. Es decir, el lugar que se ocupa en la clasificación tiene mucho que ver con el nivel de “internacionalización” de la universidad.

Internacionalización en teoría

La internacionalización de la educación superior, según la investigadora Jane Knight, consiste en integrar la dimensión internacional a las funciones de docencia, investigación y servicio que desempeñan las instituciones de educación superior. Por su parte, Jocelyn Gacel-Ávila señala que la universidad debe formar cuadros profesionales capaces de adaptarse y actuar con eficacia en la nueva realidad global, abriéndose a todas las influencias y corrientes del pensamiento humanista, científico y tecnológico.
Para lograr lo anterior, las instituciones de educación superior están obligadas a instrumentar políticas que permitan innovar en los programas académicos, aumentar la eficiencia de los métodos de enseñanza mediante la capacitación de la planta docente; y a desarrollar distintas ventajas competitivas para posicionarse en un mejor lugar en el ámbito global. Estas acciones permiten preparar a profesionistas dotados de diversas competencias, aptos para desempeñarse en el mundo globalizado.
Algunas de las universidades mexicanas ya han puesto en marcha políticas específicas para integrarse adecuadamente al mercado académico global, a través de la instrumentación de planes y estrategias específicos para la internacionalización. También desarrollan y operan programas para el intercambio de estudiantes y docentes, y realizan algunos proyectos de investigación con pares de otras instituciones internacionales.
Desafortunadamente la mera intención de internacionalizar, planteada a través de planes, programas e intercambios incipientes no resulta suficiente para lograr el verdadero propósito de introducir a nuestras universidades en el ámbito académico de las instituciones de clase mundial. Los líderes universitarios pueden tener la capacidad y voluntad de encabezar el cambio y guiar a sus instituciones por el camino de la excelencia, pero invariablemente se requiere un cambio de cultura institucional, si de verdad se trata de competir con las instituciones que ya todos conocemos por nombre. El cambio señalado implica concientizar a la comunidad universitaria de la realidad que impera en otros espacios geográficos con respecto a la sociedad, la ciencia, la tecnología y el conocimiento. Posiblemente esto se logre únicamente promoviendo estancias académicas internacionales, aunque no sean de intercambio, a instituciones de educación superior donde los nuestros puedan tener contacto directo con experiencias académicas diferentes.
El proceso implica para cada institución la gran tarea de elaborar nuevos proyectos y crear programas enfocados a la inmersión global, que contribuyan al fortalecimiento de una sociedad global del conocimiento. Es decir, el mejoramiento de la calidad de la educación superior impartida por cada institución contribuye a un mejor entendimiento e intercambio global y a la formación de capital humano apto para desempeñar sus funciones en una comunidad multicultural y que contribuya al mejoramiento de la competitividad y nivel de vida locales.
Sin embargo, dichas acciones necesitan permear efectivamente la cultura institucional, que en muchas ocasiones presenta resistencias al proceso de internacionalización, especialmente por no aceptar que el idioma español desafortunadamente no es el de mayor uso en el planeta.

alfonsojgalindo@hotmail.com

No votes yet.
Please wait...

Comentarios