Posiblemente una de las maneras más adecuadas de priorizar los elementos institucionales para la internacionalización y aumentar la calidad de los programas institucionales es poder comparar los programas de nuestra institución con los de otras universidades del mundo.
Esto se puede lograr si se evalúan los programas de estudio en términos comparativos internacionales. Es decir, se debe medir cómo funciona un programa en términos de otros similares que se ofrecen en el mundo, o al menos en la región geográfica contigua. Hasta el momento, esto se logra a través de la acreditación de programas, lo que a su vez permite que los créditos obtenidos en uno puedan considerarse intercambiables en otros similares.
La acreditación es un proceso estandarizado que mide y garantiza la calidad de instituciones o programas de educación superior. El proceso lo realiza una agencia externa a la institución que se está evaluando, misma que compara la calidad y contenidos con los estándares establecidos y aplicados a otras instituciones y programas similares, otorgando –en su caso– la certificación (acreditación propiamente) de la calidad.
Actualmente la acreditación nacional ya se lleva a cabo eficientemente en México a través de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior (CIEES) bajo la supervisión y lineamientos establecidos por el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior (Copaes), lo que permite vigilar que la calidad de los programas que se imparten en las instituciones de educación superior de México sea similar, o en su caso, marcar los elementos que deben ser mejorados para que cumplan con la calidad que se espera en el ámbito nacional. Adicionalmente, la Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior (FIMPES) tiene su propio sistema para acreditar la calidad de sus instituciones miembros.
El problema con los programas de acreditación nacionales es que no están diseñados ni permiten la comparación e intercambio internacionales, por lo que no posibilitan acelerar efectivamente el proceso de internacionalización de la educación superior ni el comparativo de nuestras universidades con las que presumen calidad académica mundial. Esto no sucede en todo el mundo. Por ejemplo, en Europa ya existen instancias de acreditación supranacionales, pues a partir de la Declaración de Bolonia, en 1999 se creó el Espacio Europeo de Educación Superior, en el que participan universidades de 46 países, de los cuales 19 son externos a la Unión Europea.
Actualmente, un grupo de académicos, funcionarios de varios estados y universidades, así como consultores en políticas públicas de Hidalgo, Puebla, Sinaloa, Jalisco, Sonora, California, Arizona, Texas y Nuevo México trabajan en una propuesta para construir un sistema en Norteamérica para la acreditación de programas, que tienda a la globalización. Probablemente no sea tan fácil convencer a los vecinos del norte acerca de la importancia regional de contar con un sistema más sólido de cooperación académica, pero los posibles resultados ameritan el esfuerzo, particularmente para un lugar como México, en donde las características de sus instituciones académicas y calidad de vida podrían ser mejor aprovechadas con una adecuada política de internacionalización.
Si logramos colocar a México y sus instituciones de educación superior en el ámbito de las instituciones académicas de calidad mundial, podremos darle un mayor valor al capital humano mexicano en el mercado global, para beneficio de su población, así como atraer mejores proyectos de inversión, que actualmente se compiten entre diferentes países del mundo. Tenemos la infraestructura e instituciones, ahora nos toca unir esfuerzos para acoplarlas a la realidad de la globalización.

alfonsojgalindo@hotmail.com

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