Basta estudiar la historia para desentrañar el hoy y efectivamente, no cabe duda, si tan solo el grosso de la población escudriñara los libros de historia descubriría un sinfín de conocimientos que lejos de asombrarnos en nuestro presente, simplemente nos darían las pautas para entender por qué acontecen tales o cuales circunstancias.

El pasado jueves, una fuerte lluvia con granizo cayó toda la tarde-noche sobre la capital hidalguense dejando una severa inundación en la zona metropolitana a lo cual unidades de protección civil acudieron al llamado de auxilio. La lluvia acompañada de granizo se convirtió en pocos minutos en un caudaloso rio y en otros casos encharcamientos afectaron a colonias y a la zona centro de la capital.

Nuevamente en Pachuca ocurrió un desastre natural por la intromisión de la ira de Tláloc y para ello basta recordar que en 1949 la capital hidalguense vivió una inundación que asoló a la población. Fue algo sorpresivo, único y sin igual, la reacción de los habitantes recuerda que la inundación del 24 de junio de 1949 ha sido una de las grandes tragedias que ha padecido la ciudad, aunque fue de consecuencias previsibles, ya que no fue desazolvado el Río de las Avenidas durante decenas de años, lo que provocó el taponamiento que finalmente dispersó un enorme torrente de aguas lodosas sobre las calles de la ciudad y lo que aconteció el siglo pasado se rememora nuevamente y justo por la poca visión de las autoridades que –igual que en 1949– lejos de mantener desazolvadas coladeras y drenajes, hacen caso omiso, y la construcción de puentes atirantados en la capital pareciera ser de mayor importancia que procurar una ciudad limpia y con vías rápidas por donde fluya el agua en caso de inundaciones.

No hay que olvidar que originalmente Pachuca fue construida a través de ríos que pasaban por la ciudad y que fueron tapados, convertidos en bulevares como es el caso del Nuevo Hidalgo.

Evidentemente en 1949 –como también en este 2020– la magnitud de agua que corría por las principales arterias de Pachuca buscando un cauce para desembocar, llena de un alud lodoso de gran magnitud, arrasó con todo a su paso. La única ventaja fue que por el confinamiento por el Covid-19 no había un aglomerado de transeúntes en las calles como suele haber. Pero en ese entonces sí hubo mayor tragedia, pues el cauce del agua atrapó y arrastró a decenas de personas, aprisionadas en esa marea, sin que pudieran nadar ni mover brazos ni piernas. En pocos segundos murieron ahogadas más de 50.

Aquel 24 de junio, llovió copiosamente sobre la ciudad y en los cerros de la sierra de Pachuca, durante más de 30 minutos. Al cesar el aguacero, la gente comenzó a caminar habitualmente por las calles, cuando de pronto irrumpió el enorme caudal que provenía del río de las Avenidas, que se precipitó por las calles Zaragoza, Venustiano Carranza y siguió vertiginosamente por las de Hidalgo, llevándose todo a su mortal paso: personas, puestos semifijos, coches y mercancías de todo tipo.

En menos de 15 minutos la fatalidad se enseñoreó en la capital. Una versión lógica es que las aguas rodaron por las cañadas de Texinca y Rosario, y en esta última se formó una represa cerca de la mina-terrero Milanesa, debido a que desde hacía tiempo se arrojaron en la garganta minerales de baja ley, pedazos de rieles y basura.

La represa acumuló gran cantidad de líquido hasta que no soportó la presión y se abrió, dando cauce al gigantesco torrente, que se fue cañada abajo, brincó la carretera Pachuca-Real del Monte y anegó completamente la zona donde inicia el Río de las Avenidas, corrió hasta chocar con un tapón formado, debajo del mercado Benito Juárez, con ramas de árboles, piedras, granizo y lodo.

Al romperse la represa superficial del terrero Milanesa, las aguas aumentaron considerablemente debido a que los torrentes seguían bajando de las cañadas que recibieron la inusitada precipitación de la llamada tromba. Al llegar al tapón del mercado golpearon una y otra vez, y la fuerza incontenible derribó la barda oriental del ensaye de la compañía Real del Monte y Pachuca, situado en Venustiano Carranza, así como la pared norte, trasera del mercado Benito Juárez, hoy Hidalgo. El gran caudal salió por las puertas laterales y arrasó los puestos de la Cuchilla, plazuela adjunta al citado mercado. El saldo fatal fue de 55 muertos, 28 hombres y 27 mujeres, algunos de ellos niños. No hubo heridos, pero sí muertos. Los cadáveres fueron trasladados al anfiteatro, casi todos en calidad de desconocidos para después identificarlos sus familiares.

El entonces presidente de la República, Miguel Alemán Valdés, exhortó al Banco de México a proporcionar dos millones de pesos para apoyar a los damnificados y reintegrarlos a la vida económicamente activa. El gobierno estatal ordenó la rectificación del cauce del Río de las Avenidas y lo realizó entre la Hacienda de la Luz (Allende) y la colonia Real de Minas. Han pasado más de 50 años y cabe preguntar ¿la historia se repite?, ¿tú lo crees?… yo también.

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