martin y juan ruben

La izquierda mexicana nunca había sido tan poderosa como en estos tiempos, pero ¿México estará listo para una izquierda moderna? La razón de preguntarnos hoy en día sobre las posibilidades de una izquierda moderna en México obedece a la profundidad de la crisis del sistema de mercado en que está sumergida el país y el mundo.

No se requiere ser marxista para entender que un cataclismo tan profundo de la estructura económica capitalista a nivel mundial y su clara repercusión en el espacio nacional, como el que estamos padeciendo, necesariamente conlleva a preguntarse por los cambios que tarde o temprano corresponderán al tipo de estructura política que ha permitido y propiciado el desarrollo de un mercado desregulado, sin contrapesos y control alguno, y ahí podría insertarse precisamente el debate sobre la modernidad de la izquierda mexicana.

Por lo pronto, la izquierda en general y el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) requieren, para modernizarse, de una redefinición de sus métodos y contenidos para empezar por asegurar una unidad ideológica y estratégica de lucha por el poder; necesita comenzar por desmantelar el proceso de movimiento para definirse como partido y estar dispuesto a trabajar en la democracia bajo las reglas democráticas, como ya lo han demostrado pocos de sus militantes y simpatizantes, o de plano decidir prestar sus oídos al canto de las sirenas de quienes siguen pensando, con la vista y mente puestas en el pasado decimonónico, que la democracia no es otra cosa que el instrumento de la burguesía para preservar su poder y, por lo tanto, un estorbo para redimir al país de sus males sociales.

Si por izquierda moderna entendemos una propuesta política compuesta de dos ingredientes fundamentales: equidad social y democracia efectiva, es claro que el primero estaría localizado en el eje vertical y el segundo en el horizontal. La curva de la izquierda moderna se ubicaría en el punto máximo entre ambos ejes, esto es, el mayor grado de equidad social coincidiría con el mayor grado de democracia.

Por más errores estratégicos que se han cometido en el país, algunos actores políticos que hoy militan en el partido de Morena, nadie puede negarle a los ideólogos que el arquitecto de la democratización de México fue la corriente crítica, la cual debe de desarrollar un liderazgo que guíe la construcción de un nuevo edificio político profundamente democrático. Un partido que reconozca como el hábitat económico actual al mercado, pero no para aceptar y acatar su salvajismo, sino para contener y encauzar su torrente, evitando su desbordamiento para inundar a una sociedad socialmente frágil y vergonzosamente inequitativa como la que tenemos.

Esto sería solamente el inicio de una reingeniería socioeconómica de más largo trazo, por la que se sustituyera el asistencialismo que ha caracterizado a los gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Acción Nacional (PAN), por una sólida estructura política y económica en la que cada persona tenga iguales derechos a la libertad, más extensa, compatible con la libertad similar de otros, y en donde las inequidades sociales y económicas se resuelvan con el mayor beneficio para los menos favorecidos. Una estructura por la que se puedan armonizar efectivamente y no solo formalmente en la normatividad jurídica, sin tener que restar algunos para sumar a otros. ¡Usted qué opina!

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