Estados Unidos a través de los años ha intervenido en los gobiernos en América Latina, ¿cómo lo ha hecho? Apoyando, principalmente, a la derecha para que llegue al poder, para ello ha participado en el desprestigio de la izquierda, en revueltas o golpes de Estado. Su preocupación es que estos gobiernos de izquierda no permitan que las empresas norteamericanas “sean éxitosas”. Por la experiencia en México, es claro que estas empresas solo buscan su enriquecimiento y nunca el beneficio del trabajador o del país donde están establecidas.
En este sentido, hoy presento tres ejemplos, el primero es la crítica de estado (apoyada por los intereses norteamericanos) contra Manuel López Obrador, quien supuestamente es “autoritario”, “peligro para México”, “loco”, “intolerante”, “quiere el poder”. Me pregunto si estos calificativos solo le podrían corresponder a este político; creo que a Enrique Peña Nieto también le podrían corresponder: en su gestión acabó con los derechos labores de los mexicanos, subió la gasolina, el gas, la electricidad, los salarios se estancaron, ¿qué acaso esto no lo convierte en un peligro para México?; también ha dejado ver un desinterés impresionante por los problemas de los nacionales, ante las quejas de la desaparición de los 43 jóvenes de Ayotzinapa, mencionó que habría que cambiar de página; además su forma de gobernar solo ha dejado ver que solo le interesó el poder por el poder, pues no ha hecho nada importante y relevante para los mexicanos, sus reformas, incluyendo la educativa, no han sido las que necesita este país. Pero esto ya se había observado cuando era gobernador del Estado de México, entonces me pregunto, ¿por qué no se le atacó de la misma forma que Manuel López Obrador?
También está el caso de Brasil, el que se haya destituido a la presidenta Dilma Rousseff, tiene que ver más con que era una gobernadora de izquierda que una mala política, se le acusó de corrupción y no se le pudo comprobar la mayoría de las denuncias que le hizo la derecha, sin embargo, se logró su destitución. Después de este éxito, llama mucho la atención que ahora la oposición “o sea la derecha” de este país, está atacando duramente a Luiz Inácio da Silva (Lula), quien ha sido el mejor presidente de Brasil: logró un desarrollo económico y tecnológico nunca antes visto en esa nación, bajó la pobreza y aumentó sus indicadores educativos a nivel internacional; a pesar de estos logros la oposición (“la derecha”) lo señala como “corrupto”.
El caso más reciente es Venezuela, Nicolás Maduro está llamando a una Asamblea Constituyente, pues no tiene mayoría en el Legislativo en su favor, y por lo mismo está usando sus leyes para poder aprobar nuevas reformas para su país. Al igual que México, Venezuela tiene la fortuna y la desfortuna de tener petróleo, por lo mismo Estados Unidos quiere acabar con un gobierno que no le deja hacer negocios con un energético que no le corresponde; por ende, Maduro es un “Peligro para Venezuela”, “está loco”, “quiere el poder”, “es autoritario”, “intolerante”, ¿qué parecidos están estos calificativos?
En este sentido, festejo la inteligencia de Delcy Rodríguez, quien en su papel de canciller de Venezuela le aclaró a nuestro canciller Luis Videgaray, en el marco de la Organización de Estados Americanos (OEA), que cómo podía hablar mal del gobierno de Maduro cuanto México ocupa los primeros lugares a nivel internacional de falta de derechos humanos, de muerte de periodistas, de desaparición de estudiantes, pobreza, narcotráfico; fueron contundente las palabras de ella ante la crítica que hizo Videgaray al gobierno de izquierda de Maduro. Nuevamente, el problema no es el mal gobierno sino que es de izquierda.
Por tanto, es claro que Estados Unidos sigue apoyando a la derecha, en este caso, de los países de América Latina y utiliza a organizaciones como la OEA para deslegitimar a la izquierda, que hoy en día también está en una crisis interna, y para muestra de ello está el caso mexicano. Y me preocupa hasta dónde Estados Unidos puede intervenir en un país para inestabilizarlo y poder así legitimar la caída de un gobierno de izquierda. Por tanto, debemos preguntarnos si efectivamente los únicos malos gobiernos en este continente son los de izquierda o si son estos los únicos que cuidan a su país de los intereses norteamericanos.

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