Una de las principales virtudes de la política es que, gracias a ella, se llegan a acuerdos mediante el diálogo y el entendimiento. De esa manera se proscribe el uso de la fuerza y la sinrazón. Hidalgo vive tiempos complejos. El año pasado comenzó una transición política que permitió la alternancia en el Poder Legislativo local que por primera vez fue ocupado por una mayoría distinta al PRI. Pero lo que debería haber sido una transición ordenada y pacífica, se convirtió en un maremágnum al comienzo de la actual legislatura, pues el tricolor se aferró a conservar la junta de gobierno pese que representaba una minoría de solo tres diputados. El asunto, en aquellos días, derivó en un enfrentamiento entre diputados del bloque morenista y la nueva oposición que impidió la gobernabilidad. La única forma de destrabar el conflicto fue la política en el mejor sentido de la palabra, que abrió la posibilidad de construir un pacto político entre priistas y la nueva mayoría morenista. En entrevista con este diario, el diputado presidente de la junta de gobierno Ricardo Baptista dijo que el pacto en realidad no fue respetado por el Ejecutivo estatal, que siempre ha buscado influir en el Congreso, no solo en la fracción priista, sino incluso mediante la compra de voluntades en las filas morenistas. Baptista censura el hecho de que el gobierno no ha respetado el acuerdo político y pese a ello intentarán hacer valer la mayoría morenista para que esta se quede al frente durante el tiempo que dure la actual legislatura. Y pese a las intromisiones del Ejecutivo estatal, la invitación para hacer valer el pacto político continúa, según expresó Baptista. ¿Cuál será la respuesta del Ejecutivo estatal a este nuevo llamado? De filón. Un trabajo de investigación que publicamos hoy en la sección De Tinta, Papel y Letras expone la fallida política para promover el teatro en la entidad. El errático apoyo al sector y la falta de formación de públicos mantiene a la escena local casi a oscuras.

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