Las empresas surgidas de la primera revolución industrial a fines del siglo XVIII, principalmente las farmacéuticas, entraron al proceso de consolidación de su modelo de negocio, con base al sistema de patentes, tras la convención de Berna, se fundó en 1898 el BIRPI hoy Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).

Este hecho marcó el cambio tecnológico industrial, en las naciones colonialistas desarrollando sus capacidades científico-tecnológicas donde el factor estratégico es la investigación (I+D), destinándole entre el 2 por ciento y 4 por ciento de su PIB, generando procesos productivos más eficientes y nuevos productos con mayor contenido tecnológico y de conocimiento, formando empresas monopólicas y aplicando mecanismos como la Ley Bayh-Dole, de enmiendas a la Ley de patentes y marcas en EU, facilitando la convergencia de las Instituciones de Educación Superior (IES) y Centros de Investigación con empresas para el desarrollo de sus capacidades tecnológicas.

En cambio las naciones salientes del colonialismo, se concretaron en aplicar tecnologías incorporadas, es decir maquinaria y equipo que importaban, destinando menos del 1 por ciento de su PIB a la I+D haciendo crónico su rezago tecnológico.

En el Ranking Global de Innovación de 2019, publicado por al OMPI México ocupa el lugar 56, según el informe del Foro Económico Mundial de Davos de 2013 México tenía la posición 53; y en el Índice Global de 4.0 de 2019 México bajó al lugar 64. Este contexto evidencia nuestra dependencia tecnológica, superarla es condición necesaria para lograr una economía sustentable que supere la pobreza y logre el bienestar social.

El 30 de diciembre de 1942 se promulgó la Ley de Propiedad Industrial, la cual fue abrogada por la Ley de Invensiones y Marcas que entró en vigor el 11 de febrero de 1976, misma que fue sustituida por la Ley de Propiedad Industrial promulgada el 27 de junio de 1991, destacando la adaptación al acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio, que significó sujetarse a la jurisprudencia de los EU; desde su promulgación de esta ley, la investigación y el patentamiento se disminuyó en nuestro país, profundizando nuestra dependencia tecnológica.

En este primero de julio se promulgó la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial, que entrará en vigor el 5 de noviembre de 2020; en el artículo 2 fracción cuarta se estipula que tiene por objeto promover y fomentar la actividad inventiva de aplicación industrial, las mejores técnicas, la creatividad para el diseño y la presentación de productos nuevos y útiles; después en la fracción 20 del artículo 5, nuevamente se reitera “promover la creación de invenciones de aplicación industrial para apoyar el desarrollo y explotación en la industria y comercio e impulsar la transferencia de tecnología, a lo largo del articulado de la ley no se menciona la palabra “investigación” ¿por qué será?

Se observa un distanciamiento del IMPI con el resto del Sistema Nacional de Investigación e Innovación, cuando ya se debe superar la desarticulación para construir las convergencias necesarias, ¿será porque el actual titular del IMPI no se ha quitado la camiseta de neoliberal y persiste en que solo sean los extranjeros que patenten? Para muestra un botón, según datos del propio IMPI en 1993 se presentaron 8 mil 212 solicitudes de patentes, de las cuales solo el 7 por ciento eran de mexicanos, en 2019 de 15 mil 941 solicitudes solo el 8 por ciento eran de mexicanos, lo que pone de manifiesto que los mexicanos no patentan, cuando talento hay e infraestructura tenemos.

Se van a comprar medicamentos vía la intermediación de la ONU, para romper el círculo monopólico interno, pero pasaremos al monopolio internacional, ¿cómo romper ese círculo vicioso de la dependencia tecnológica? Solo impulsando un proceso de investigación en sectores estratégicos, como el farmacéutico, claro es cuesta arriba, sobre todo en las condiciones de crisis por la pandemia y la situación caótica que dejó el neoliberalismo, lo peor es poner en manos de funcionarios camaleónicos, sin el expertis ni el sentido patriótico que se requiere para el buen manejo de instituciones estratégicas como el IMPI para superar la situación de crisis y los rezagos crónicos que padece nuestra economía y por ende los mexicanos.

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