El 3 de mayo se celebra el Día Internacional de la Libertad de Prensa, esa libertad que no debe ser coartada en absoluto y así poder proferir las opiniones que se tienen acerca de tal o cual tema. En 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas, a iniciativa de los países miembros de la UNESCO, proclamó el 3 de mayo como Día Mundial de la Libertad de Prensa, con la idea de “fomentar la libertad de prensa en el mundo al reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática”.
Es imprescindible que en todo gobierno democrático, o por lo menos que se jacte de serlo, la libertad de expresar una opinión, utilizando como medio una columna escrita en un diario, debe ser totalmente respetada e incluso en una democracia sólida ésta debería ser alentada. La libertad de expresión es un derecho fundamental, según establece el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
Sin embargo, es lamentable que en nuestro país este derecho sea letra muerta, ya que no se aceptan las opiniones vertidas contra “papá gobierno”, aquellas que no son del agrado de éste y que por tanto deben ser calladas corrompiendo a los columnistas con un soborno, o bien, al estilo gansteril y rufián que es la muerte. Pareciera que los tiempos han cambiado, sin embargo, los periodistas, columnistas y articulistas son ejecutados por decir la realidad, las piezas incómodas en un circo de lo absurdo, donde para ascender es preciso asesinar, robar, desviar, simplemente son comentarios incómodos que deben ser callados antes de lograr una conciencia colectiva que ponga en peligro la integridad de las élites.
Nada nuevo bajo el Sol y como muestra recordemos un suceso histórico acaecido en tiempos del porfiriato en donde el famoso “chayotazo” hacía su presencia diariamente para desvirtuar la veracidad y pluralidad de opinión en una democracia inexistente y que quizá sea un reflejo de la actual.
El grado de cinismo del viejo gobierno porfirista era alarmante. Más de 30 años de dictadura habían corrompido la libertad de expresión y hacia 1910 a nadie sorprendía que, mes con mes, los periódicos enviaran sus recibos al gobierno para cobrar por sus servicios.
Con el triunfo de la Revolución, los “donativos” a los principales diarios del país fueron cancelados. El 8 de junio de 1911, El Diario informaba: “Desde el día primero del mes actual han quedado suprimidas las subvenciones que el gobierno tenía otorgadas a la prensa. Al presentar los directores de periódicos su recibo por la subvención de mayo, se les notificó que no debían esperar seguir cobrando del nuevo gobierno ninguna cantidad de dinero en pago de su amistad”.
Era vergonzoso conocer las cantidades destinadas por el Tesoro Público para garantizar la lealtad de los periodistas al gobierno porfiriano. La subvención llegó a generar gastos anuales del orden de los 100 mil pesos. El Imparcial –más porfirista que el propio Porfirio– recibía 4 mil 200 pesos; The Mexican Herald, publicado en inglés ,gozaba de mil 100 pesos; El Tiempo y La Iberia 400; otros más aceptaban de 300 a 150 pesos dependiendo del contenido de sus notas, los que menos recibían no trataban asuntos de orden político, simplemente aplaudían los fastuosos eventos de la sociedad porfiriana.
Tanto interés tenía el gobierno porfirista en mantener a la opinión pública de su lado, que hasta el embajador norteamericano en México, Henry Lane Wilson, recibía una parte del gobierno mexicano. El Diario concluía su información señalando sarcásticamente: “El público ahora puede apreciar lo que vale en efectivo la opinión de esos periódicos, estimando con exactitud su conducta presente, ya sea que continúen su programa de adoración al Sol que nace, o ya sea que se pongan a gruñir”.
Madero creyó que la prensa asumiría con responsabilidad su misión de informar, criticar y orientar a la ciudadanía dentro del nuevo régimen. Se equivocó. Mezquinamente, gran parte de los periódicos recibieron la noticia como una afrenta y más temprano que tarde le cobraron la factura al gobierno maderista. Era claro que estaban acostumbrados al pago por sus panegíricos hacia el gobierno. Sin embargo, esto es historia, ahora la democracia se ha consolidado, el gobierno es mediático y no amedrenta. ¿Tú lo crees? Yo tampoco.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.