En días pasados en esta sección el Tlacuilo escribió un artículo titulado “Canallas, repugnantes, asquerosos y depravados maricones” conocimos desde cuándo y cómo surgió el mote de conocer a los homosexuales por “jotos”, asimismo el inicio de la creencia de que al cumplir 41 años si se está soltero es por ser homosexual, nada más lejos de la realidad, sin embargo el número 41 hace alusión a la cantidad de personajes de la “gente de bien mexicana” de inicios del siglo XX que fueron sorprendidos en pleno baile en donde se reunieron “repugnantes maricones”, según reportó el oficial de policía que hizo la redada.
Hoy en día la sociedad ha cambiado, ya no se escandaliza como entonces y tiene una tolerancia mayor a la que se tenía en el siglo pasado, aunque existan aun sociedades y grupos activistas que están en contra de ciertas situaciones que nombran “contrarias a la sociedad y moral”; es cierto que las nuevas generaciones, que al fin y al cabo serán el futuro, ya no son tan radicales y muestra quizá de esto es la apertura de conciencia ante las nuevas tendencias sociales y sexuales de hoy en día.
Sin embargo, como dato interesante cabría hacer un recuento de lo que fue a inicios del siglo XX la denominada “liga de la decencia”. Lo que alarmó a los integrantes de dicha liga y que mueve hoy a risa por el candor que encierran las amonestaciones y señalamientos que se hicieron a escenas de películas y a composiciones musicales que hoy son reconocidas como parte de un México “romántico” y “angelical”.
Fueron las situaciones amorosas, el erotismo sugerente, los besos apasionados, algo que para 1936 era común admirar, no solo en el cine francés sino en todo el mundo. Por ejemplo, Jean Renoir en Tony (1936) exhibió una situación amorosa entre Charles Montalván, la actriz mexicana, y Charles Blavette. Sin embargo por esta clase de películas de contenido erótico protestó el Vaticano. Y como el papa Pío XI no tenía acceso a las pervertidas películas de todo el mundo, promulgó el 29 de junio de 1936 la encíclica “Vigilanti cura”, promoviendo comités para todos los países latinoamericanos así como también de Europa con el fin de censurar las producciones cinematográficas. Así se creó la “legión de la decencia” a nivel internacional, con el ánimo de crear un cine asexuado.
En México se dieron a conocer como la “liga de la decencia” tomándose estos moralistas señores atribuciones no solo relacionadas con la industria fílmica, sino también con la música popular, que en México y Latinoamérica se hermanaba con facilidad al doble sentido, al albur y a la frase disfrazada de licencia poética: “Amor de la calle que vendes tus besos a cambio de amor…”.
La liga en México entró en acción de inmediato, aunque su época de mayor influencia fue el sexenio avilacamachista (1940-1946) con el apoyo de la entonces primera dama Soledad Orozco de Ávila Camacho, imbuida de una amplia y poblana religiosidad. Uno de sus primeros logros públicos, derrochadores de moralina, fue ponerle taparrabo de bronce a la Diana Cazadora, ya que la voluptuosa estatua desbordaba erotismo y había que cubrir por lo menos sus partes pudendas. Desde 1944, a dos años de su develación. La Diana tuvo “cinturón de castidad” hasta finales de 1967, justo después de la renuncia del regente capitalino Ernesto P Uruchurtu.
Por esos años la Iglesia también sugirió que la película de Blanca Nieves y los siete enanos era inmoral: “¿Cómo una jovencita iba a vivir con seis adultos y un adolescente?”.
La música también fue parte de las intrigas de la liga al encontrar trasfondo erótico en varias canciones comenzando por las melodías prostibularias de Agustín Lara (“Aventurera”, “Pervertida”, “Mujer”, entre otras) y pasando por la entonces internacional “Bésame mucho” de Consuelito Velázquez, de inmediato muchas radiodifusoras hicieron eco de la propuesta y vetaron la transmisión de esas melodías que despertaban “la sensualidad en el público mexicano”; la liga era indómita ¡Pudor sobre cualquier cosa!
Agustín Lara fue en múltiples ocasiones amonestado por la falta de pudor de sus canciones e incluso por una vida licenciosa que llevaba, cuando se dio a conocer una más de sus canciones titulada “Palabras de mujer”, dedicada a María Félix, la liga se escandalizó ya que la letra de la melodía es “Aunque no quiera Dios, ni quieras tú, ni quiera yo”. Razón por la que Lara tuvo que pedir disculpas ante el arzobispado de México ya que era un católico de cepa. La nota aclaratoria se puede consultar en la revista Radiolandia en julio de 1945, donde Lara pedía la disculpa popular al argumentar que nunca había intentado hacer algo que ofendiera la moral pública, de modo que se veía en la necesidad de modificar la letra original al cambiarla por “Aunque no quieras tú, ni quiera yo, lo quiso Dios”.
Conforme pasaron los años y los sexenios, la liga perdió su fuerza, las nuevas conciencias con mayor apertura de lo que es la llamada moral se abrieron acordes a vendavales y exigencias de nuevas décadas más tolerantes; cabría hacer un balance acerca de la “liga de la decencia” y meditar si ésta sería necesaria hoy en día o los tiempos han cambiado lo suficiente como para regularse a sí mismas las personas sin necesidad de que se les diga qué es moral y qué no, al ser ese un tema muy relativo.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.