La edificación del sistema autoritario que padecemos los hidalguenses nunca contempló el agregar pizcas de democracia, tan siquiera para darle algo de resistencia ante los embates de la sociedad progresista.
Si hubiesen sido menos agresivos con sus contrincantes políticos, al grado de querer, en cada elección local, desaparecer a los que nos atrevíamos a desafiarlos. Sino le hubiesen robado la elección a Xóchitl Gálvez primero y luego a Francisco Xavier, hoy no estarían tan desolados por la locomotora que les pasó encima. La locomotora llamada AMLO.
Así como el ganar contiendas se perfecciona con las batallas, igual, el aprender a manejar las derrotas es cosa de práctica. Y se hace aún más difícil cuando nunca enfrentamos las batallas en canchas parejas y sin dados cargados y con la gran ventaja de tener a disposición dinero, instituciones y materiales del pueblo, lo cual nos da el falso brillo de magia e inteligencia.
Todo eso fue lo que AMLO derrumbó. Le pasó por encima a unas estructuras partidistas diseñadas con cartón y engrudo.
Derrumbó también a aquellas sotanas sacrosantas y horquetas de chaca que los priistas y sus satélites usaban cuando se veían perdidos. También AMLO hizo polvo a algunos expresidentes municipales y otros expresidiarios, a los Coyolts, esos mestizos mañosos que, en abierta traición a sus hermanos, sirven de mandaderos de aquellos que desde Pachuca nos miran como sus entenados y con morral al hombro que reparten dinero público o narcosantificado para que voten o dejen de votar. AMLO destruyó en un solo día esos adornos burocráticos que, mandados desde Pachuca, llegaron a las regiones de Hidalgo para sustituir a los liderazgos naturales, pues obedecen más y mejor a un “licenciado” venido a turistear en la Huasteca que el peligroso e insumiso líder local que solo exige lo que por ley le corresponde a sus hermanos.
AMLO destruyó en un domingo todo ese andamiaje manipulador diseñado en Pachuca para usarse en donde están los que reclaman trabajo, respeto y prosperidad. Por todo eso, Hidalgo y su gente buena logra en un solo día lo que por otras vías nos hubiésemos tardado años y años. ¡Gracias locomotora AMLO!

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