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Antes de que el lector piense que este es un artículo más en el que se reprueba categóricamente las acciones de los seleccionados nacionales, vale la pena hacer una breve aclaración. De acuerdo con El País, no fueron ocho o nueve futbolistas los involucrados en la famosa fiesta: los 23 integrantes del combinado azteca estuvieron presentes en el lugar de los hechos. Además, la celebración en sí misma no representa una falta, pues ocurrió justo antes del viaje a Europa. Es decir: los futbolistas hicieron uso de su tiempo libre a conciencia de las consecuencias personales, no administrativas.
Dicho esto, se puede sopesar el desenlace de esos actos y juzgarlos con base en el contexto. La selección absoluta se encontraba a poco más de una semana de debutar en la competencia más importante del mundo cuando se decidió celebrar el viaje a Rusia –además del cumpleaños de Javier Hernández– con una reunión que, como seguro todos sabían, daría de qué hablar. A la par de esos hechos, la categoría sub21 del combinado nacional disputaba de manera exitosa el torneo Esperanzas de Toulon.
Se presume que el mismo día que salió a la luz el escándalo más grande del año en el seno Tricolor, los jugadores de la selección alemana se encontraban en plena concentración, siguiendo una rigurosa política en temas de relaciones amorosas. Al momento de escribir estas líneas, el futuro de Héctor Herrera permanece incierto, luego de haber sido el principal blanco de medios y opinión pública, quienes repudiaron rotundamente su comportamiento relacionado con temas de adulterio. El canterano Tuzo se enfrenta a la disyuntiva de abandonar definitivamente la concentración para esclarecer sus asuntos personales luego de que el tema se saliera de control.
Resulta bastante complejo tocar temas que, en teoría, deberían ser totalmente ajenos al futbol. No se trata de justificar la conducta de los futbolistas apelando a su condición humana e inevitable tendencia a equivocarse; tampoco se les debe crucificar por su rol de figuras públicas. Lo cierto es que el conflicto llega en el momento en el que el futbol puede ser la única vía de catarsis ante las altas tensiones políticas que vive el país. Por ello, recupero la postura de Juan Villoro en torno a la multicitada polémica: “Escogidos para chutar en nombre de la patria, no tienen por qué ser magníficas personas. Pero la corrosión de la conducta influye en todo: el escándalo afectará la vida familiar de los involucrados, la relación con sus compañeros y su rendimiento en el Mundial”.

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