EDUARDO BENÍTEZ TAMEZ
Pachuca

México, un país fundado sobre las exclusiones y consagrado a la desigualdad.
Carlos Monsiváis. Que se abra esa puerta

En México, exclusión y desigualdad: dos palabras que se han convertido en un deporte nacional. Las encontramos sin dificultad en la cotidianidad de nuestros días, en las relaciones que emprendemos con las personas que interactuamos y en las que presenciamos como observadores. Quizás por ello, las hemos adoptado de manera inconsciente sin tener en cuenta las consecuencias de ello.
Difícil culpar a una persona o institución en particular, basta la interacción entre dos personas para que se puedan presentar estas condiciones. Brevemente, podemos decir que la exclusión y la desigualdad se presentan ante la diferencia (negativa) que marca una persona o grupo de personas sobre otra persona o grupo de personas. Los efectos e impacto aumentan en relación con el poder de quien se impone. La intención no es ahondar en el tema del poder (en números siguientes habrá oportunidad), pero es importante comprender el rol que juega para que estas condiciones se presenten y cómo afecta en diversos ámbitos de la sociedad.
Sin el afán de hacer una cronología, podemos ver cómo la sexualidad es un concepto que ha adquirido diferentes tintes. En México, hoy en día, hablar de sexualidad, y particularmente de masturbación, es un tema tabú que incomoda y requiere buscar un espacio íntimo para no ser expuestos al juicio de los demás. La situación hace recurrente el acudir a poner sobrenombres para no decir las palabras prohibidas. Preferimos decir: “hoy cena pancho”, “vamos a ponerle nombre al niño”, “coger”; esto en el caso del sexo; mientras que de la masturbación: “jalarle el cuello al ganso”, “hacerme una tuerca”, “picarme”, “la mano amiga”, etc. Cada día crecen las formas de nombrarlo. Encubrimos la idea original y la adornamos con elementos humorísticos para que sea menos agradable al momento de decirlo.
El juicio moral de la sociedad orilla a enmascararnos, actuar a solas, sin los ojos críticos que nos señalen; en grupos selectos para contar con aprobación, y así, poder actuar entre ellos sin censura. La exclusión se lleva a cabo ante una sociedad que impone conductas, dicta lo prohibido y permitido, mientras en paralelo, en las sombras acontece otra realidad: la exploración sexual, una evidencia más de la inquietud del ser humano. Esto lo vemos en los diferentes medios de comunicación, haciendo uso de la sexualidad como un objeto comercializable, manteniéndose en la delgada línea de lo moral, provocando el morbo y el alarido de la gente.
Otro ejemplo interesante son las redes sociales como espacio “neutro” de expresión. Cada vez es más común las fotografías y videos de contenido sexual. No es necesario ser artista porno para subir una fotografía en ropa interior, en poses sugerentes o manteniendo relaciones sexuales. La aprobación de los usuarios y la represión social, alimentan el morbo y aumentan el interés por compartir ese lado “prohibido”. La virtualidad se mantiene al margen de lo real. En teoría. En ocasiones, la actitud es completamente diferente, y en ocasiones, rebelde: Mírame, esto es lo que soy. Ejerzo mi sexualidad.
Una referencia interesante para ahondar la exploración sexual es el libro Zoo humano (1970) de Desmond Morris (1928). Propone 10 categorías de sexo según su funcionalidad (les sugiero ver la obra completa. Es de muy fácil acceso). Para este artículo, solo me centraré en dos categorías relacionadas con la masturbación: sexo exploratorio y sexo recompensador por sí mismo. El sexo exploratorio, según Desmond, es el resultado de la inventativa del ser humano. Es parte de la curiosidad que nos despierta todo lo que nos rodea, buscamos comprenderlo y hacerlo parte de nuestro conocimiento. Desde esta perspectiva, nuestro cuerpo resulta un elemento a conocer mediante la exploración. Esta nos lleva a la búsqueda de otras formas de estimulación sexual. Una forma descubierta es la masturbación. Mediante ella, no solamente obtenemos placer a nosotros mismos, sino que también se convierte en una forma de proporcionar placer a otra persona. En el caso del sexo recompensador, el fin del acto es el sexo mismo, no con fines exploratorios. La masturbación no solamente es funcional desde la perspectiva de placer sexual del individuo ya que forma parte de los elementos que conforman las relaciones de pareja y ayudan a reforzar los lazos que se establecen entre las dos personas. El enmascarar esta exploración reprime nuestra libertad e inquietud como seres humanos y pone en peligro el estado de nuestras relaciones.
La visión de Desmond nos brinda una interpretación del sexo desde un contextualización que por encima de las valoraciones morales que ejerce la sociedad, plantea una concepción más humana que se apega a nuestra condición natural. Valdría la pena detenernos un momento antes de cuestionar los motivos por los que la masturbación en ocasiones es considerada como una actividad negativa y perjudicial.
Cada vez son más los estudios que desmienten los mitos y creencias sobre la sexualidad, las manifestaciones en pro de la libertad ejemplifican la postura de las generaciones actuales. Ha crecido la apertura hacia estos temas y las ideologías que promueven son incluyentes de las modificaciones que surgen de la exploración del ser humano. No por ello pierde vigencia el predominio de la moral tradicional que busca desacreditar estos esfuerzos. El cambio es lento pero es latente. Mientras tanto, el cuestionamiento y la exploración nos abren brecha hacia nuevas visiones acordes al conocimiento del entorno y de nosotros mismos.
Aún queda mucho por escribir…y por explorar. Esto fue el comienzo.

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