El saneamiento de las finanzas públicas es una acción similar a construir tuberías para llevar agua potable a las ciudades o edificar complejos sistemas de desagüe urbano: es una acción difícil de concretar, ingrata políticamente hablando, y que además no se ve. No es como levantar un distribuidor vial o una biblioteca pública, obras que todo mundo verá y apreciará porque están allí: a la vista de todo ciudadano que se acerque y las observe o disfrute. El ordenamiento de las finanzas públicas fue uno de los principales compromisos de la actual administración encabezada por Omar Fayad. Desde que tomó protesta, prometió eliminar gastos innecesarios que incluyeron prescindir de casi mil trabajadores adscritos a la nómina del gobierno estatal. Esta acción provocó la molestia, por supuesto de los trabajadores, pero también de grupos políticos que esperaban ser beneficiados por el actual gobierno. Hoy, según el gobernador y su secretaria de Finanzas Jessica Blancas, la disciplina rindió frutos y una de las certificadoras de mayor prestigio, Standar and Poors, subió la calificación crediticia de Hidalgo, al pasar de mxA con perspectiva negativa a mxA con perspectiva estable. Dirá el lector: y eso a mí qué. Es aquí cuando el ejemplo de la tubería cobra relevancia: nadie ve esas obras pero servirán para que los inversionistas consideren a Hidalgo para arriesgar su capital. ¿Será suficiente esto? Eso ya lo veremos en próximos meses. De filón. Ya entendemos por qué tanto interés en la lucha sindical de los trabajadores capitalinos. Y cómo no lo tendría, si tiene nada más ¡12 familiares! en la nómina del ayuntamiento capitalino.

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