La mejor-peor experiencia de mi vida

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China es más que arroz, personas y contaminación, es un país lleno de cultura, magia, luces y creencias que envuelven

ANA CASANDRA
ALFARO ALVARADO
Licenciatura en comercio exterior

No fue fácil, admito que hubo momentos difíciles, momentos donde quise dejarlo todo, pero seguí adelante. En parte, mi desidia lo complicó, pues cuando salió la convocatoria de movilidad educativa yo no estaba segura de querer irme, como todo buen mexicano lo dejé al final.

Como era de esperarse estaba estresada, con miedo y preocupada por todo lo que conlleva irse del país y lo gracioso es que no tuve tiempo de analizar que dejaría mi vida, mi familia y mi rutina en México, pero al final eso no me detuvo.

¿Valió la pena? Puedo decir que sí, por supuesto que valió la pena, el estrés, el miedo y la preocupación; no esperé tanto de un país al otro lado del mundo; cabe destacar que nunca había viajado tan lejos, sola y por tanto tiempo. China es todo lo que no me esperaba… es hermoso, distinto, alegre y cálido. El gran y tan esperado choque cultural llegó desde el avión: sabía que tenía que aprender a comer con palillos, pero no me imaginé que sería a 35 mil pies de altura y rodeada de extranjeros y solo un par de mexicanos.

Cuando llegué a Shanghái estaba aterrada, no hablo el idioma y no sabía qué hacer para que me entendieran; poco a poco me fui dando cuenta de que las personas en China siempre tratan de ayudarte, tratan de hacer tu vida un poco más fácil. En el hostal conocí a una estudiante que estaba aprendiendo inglés y para ser honesta me sentí bien conmigo misma al saber que podía entablar una conversación sin miedo.

Al llegar a la ciudad que sería mi hogar por los siguientes cinco meses no sabía qué sentir; en ese momento el clima era deprimente pues estaba lloviendo, hacía frío y estaba gris; me dijeron que los latinos pueden deprimirse si no ven el Sol por mucho tiempo y aunque solo estuvo así un par de semanas sí fue complicado y un poco triste, pero poco a poco y conforme pasaban los días me fui acostumbrando a mi campus, la comida, las clases, a mis compañeros que después se convirtieron en grandes amigos. Hasta en mi cuarto me sentía como en casa, no pasó mucho tiempo antes de salir y conocer la ciudad donde vivía.

Afortunadamente, conocí a personas que me recomendaban lugares para visitar o cosas por hacer e incluso a veces ellos me llevaban a espacios nuevos y sorprendentes.

Puedo decir que China es más que arroz, personas y contaminación, es un país lleno de cultura, magia, luces y creencias que te envuelven. Lo volvería a hacer, no lo dudaría ni un segundo, irme de movilidad me hizo crecer como persona, aunque sentí un miedo inexplicable al llegar a China, al momento de partir no pude más que sentir nostalgia al dejar atrás personas, lugares y experiencias.

Me voy de China con más anécdotas buenas que malas, con historias y memorias que sé que son para toda la vida.

No fue fácil, admito que hubo momentos difíciles, momentos donde quise dejarlo todo, pero seguí adelante

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