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La menopausia, ¿un mal o buen acontecimiento?

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MARCELA VERA O
Pachuca.- Menopausia en occidente

Durante el siglo XVII, la menstruación era vista como una manera del cuerpo de deshacerse de las impurezas. Cuando llegaba la menopausia, se creía que la sangre se quedaba en el cuerpo y la solución para sacar la sangre impura era aplicar el parásito Hirudo medicinalis en los genitales de la mujer, en la espalda y el cuello. Los primeros documentos que existen sobre la menopausia datan del siglo XVII. En esa época se creía que la raíz de la mayoría de las enfermedades era el mal humor o los líquidos del cuerpo humano. Los parásitos, extractos de yerbas y el desangramiento, eran los tratamientos más comunes.

En 1812, el médico francés Gardanne usó el término menopausia por primera vez, y fue en ese siglo que el término se hizo conocido. Fue también entonces que empezó a haber más interés por la anatomía, lo que llevó a que se buscara la raíz de las enfermedades en distintos órganos y ya no en los líquidos del cuerpo.

Según las convenciones, el papel más importante que tenían las mujeres era el de procrear, y por ello sus órganos de reproducción eran centrales. Se creía que la naturaleza, la esencia y el bienestar de la mujer se hallaba en esos órganos. Cuando algo funcionaba mal en ella, ya sea fisiológica o psicológicamente, se creía que la causa eran sus órganos reproductivos. Todo desde la irritabilidad hasta la melancolía, se trataba con la histerectomía (extirpación del útero y los ovarios). En Europa del norte, hasta principios del siglo XIX se trató el homoerotismo y la rebeldía con la mutilación del clítoris.

A principios del siglo XIX aumentó el interés de los psicoanalistas. Esos interpretaron los síntomas depresivos en relación a la menopausia como tristeza sobre la pérdida de la capacidad reproductora y de la feminidad. Al mismo tiempo que se creaban esos pensamientos, un cambio importante se estaba gestando. Los investigadores habían descubierto sustancias en distintos órganos y tejidos del cuerpo, que tenían efectos sobre otras partes del cuerpo. Esas potentes sustancias se llamaron hormonas, pero su utilización médica aún era desconocida. En 1925 se usó el estrógeno por primera vez, como experimento para tratar de curar algunos estados de pérdida del cabello, problemas a la piel, la melancolía, la esquizofrenia y problemas menstruales. En 1930 se usó el estrógeno para curar los síntomas menopáusicos. El alcance de esas hormonas estuvo limitado hasta 1943, cuando se descubrió que se podía extraer estrógenos de la orina de una yegua preñada.

El preparado se vendió bajo el nombre de Premarin. En 1960 entró con fuerza al mercado y fue visto como una sustancia miraculosa, llegando a ser tan popular, que en 1975 fue uno de los medicamentos más vendidos en el mundo occidental. Las empresas fabricantes de fármacos le hacían propaganda como un remedio para conservar la juventud y la belleza en las mujeres. A esas empresas les convenía que se categorizara la menopausia como un estado “anormal”, para poder vender el producto. Pero el mismo año se rompió la burbuja. Se publicaron estudios que demostraban que el preparado aumentaba el riesgo de contraer cáncer endométrico. Médicos y pacientes fueron perdiendo la confianza en ese remedio y bajó la venta hasta la década de 1980, cuando se le añadió la progesterona como sustancia protectora. La progesterona y el estrógeno forman lo que se llama tratamiento hormonal combinado. Sin embargo, el uso prolongado de las hormonas recetadas a las mujeres con menopausia sigue siendo la mayor causa de cáncer de mama.

La sangre menstrual, profana y peligrosa

Es así como la menopausia en occidente ha sido considerada un estado patológico y no un proceso natural de la vida adulta. Además de eso, en general los ciclos relacionados con la sangre menstrual han sido considerados como tabú en la mayoría de las culturas y son muchos los mitos en torno a ellos y a la sangre menstrual en sí. La sangre menstrual ha sido la base de la constitución de formas de organización social que excluyen a las mujeres de distintos ritos y actividades colectivas. Siempre es relacionada con lo impuro, en contraposición con lo sagrado. El sangramiento es visto como peligroso y se cree que su presencia rompe la comunicación entre los hombres y Dios. La sangre menstrual siempre está relacionada con el miedo por parte de los hombres, o a veces con la fascinación por lo desconocido y peligroso a lo cual se teme, pero a la vez se envidia. Como por ejemplo, entre los pueblos de la Polinesia en donde los hombres en una ceremonia se hacen tajos y fingen sangrar por los genitales. Antes de la llegada del cristianismo en Europa, las culturas paganas que guardaban secretos desde la época anterior al patriarcado le daban un valor sumamente importante a la sangre menstrual, esa era ofrecida a las diosas y se utilizaba en distinta clase de ritos sagrados.

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