Más allá de los consabidos parámetros –el contencioso nuclear, el control del petróleo, la disrupción de la Ruta de la Seda de China etcétera– en la multidimensionalidad de la guerra de Estados Unidos / Israel contra Irán desde hace 41 años, con sus altas y bajas, existe un nodal rubro teológico que subsume el choque de dos cosmogonías escatológicas: los “evangelistas sionistas” –que epitomiza el quinteto Trump / los dos Mike (el vicepresidente Pence y el secretario de Estado Pompeo) / el talmúdico Jared Kushner / el saliente primer israelí Netanyahu– vs los chiítas jomeinistas del “eje de la resistencia” de Irán / Iraq / Siria / Líbano / Yemen.

La metáfora de la reina israelita Ester es muy socorrida por el fundamentalista “evangelista sionista” Pompeo quien ha sido señalado como el instigador, en alianza con Netanyahu, del asesinato del icónico general iraní Soleimani.

Según la narrativa paleo bíblica, las imploraciones de Ester ante Jerjes evitaron la aniquilación del pueblo hebreo por Hamman, asesor del rey persa en el siglo V a.C.

Sarah Posner (SP) exhibe que los dos Mike (Pence y Pompeo) con sus correligionarios “evangélicos rezan para una guerra con Irán”: son quienes empinaron a Trump para asesinar a Soleimani, como “proponentes ardientes (sic)” de los “cristianos sionistas”.

SP afirma que Trump “retiró a Estados Unidos (EU) del acuerdo nuclear con Irán en 2018, por instigación de Pompeo”, quien está convencido de que Trump es “la nueva Ester (sic) destinado a salvar a Israel” de la amenaza iraní.

En su narrativa distorsionada, Pompeo se atraganta que el rey persa Jerjes aceptó las imploraciones de Ester al revocar el edicto de Hamman.

Pompeo, ha sido rostizado por los multimedia de EU de haber instigado el asesinato bajo el pretexto de “inminentes” ataques “terroristas” por Irán contra los intereses de EU, sin ninguna evidencia –en similitud nostálgica a las “mentiras de destrucción masiva” que formuló Baby Bush para invadir Irak donde EU permanece desde hace 17 años y cuya expulsión ha sido exigida por el parlamento árabe.

Según Michelle Goldberg, Pompeo “vislumbra la política exterior como vehículo para la guerra santa”, con dedicatoria contra Irán, basada en su sagrada alianza con los “cristianos sionistas” del grupo Cristianos Unidos por Israel (CUFI, por sus siglas en inglés)”, que encabeza el teleevangelista texano John Hagee (JH).

JH, mandamás de CUFI, exige la guerra contra Irán, inspiración basada en un escenario similar al armagedón apocalíptico.

El historiador Thomas Lecaque (TL) aduce en The Washington Post que “el mito apocalíptico ayuda a explicar el apoyo evangélico a Trump”, quien cuenta con un “65 por ciento de apoyo de los votantes evangélicos blancos (sic)”: los WASP (Blancos Protestantes Anglosajones).

Como anticipación de las profecías paleo bíblicas, un momento de éxtasis para los “evangelistas apocalípticos” lo constituyó el traslado a Jerusalén por Trump de la embajada de EU en Israel.

Los “rezos evangélicos” son comunes en las reuniones de gabinete en la Casa Blanca, como ha explayado Rick Perry, exsecretario de Energía y anterior gobernador de Texas, quien afirma que Trump es “el elegido” y “ha sido enviado por Dios para realizar grandes cosas”.

Los “evangelistas sionistas” ven a Trump como su “figura bíblica” y “emisario de Dios”.

Paula White, “asesora espiritual (sic)” de Trump, converge con la cosmogonía de los dos Mike (Pence y Pompeo): “La política contemporánea” epitomiza “una guerra santa” entre el bien –obviamente representado por Trump– y el mal –evidentemente personificados por los enemigos de Trump–.

Así Trump, constituye una “triunfal figura apocalíptica” que evoca la leyenda medieval del último emperador mundial para “cumplir la profecía de Daniel, preparar la parusía y la batalla apocalíptica final entre el bien y el mal”. Amén.

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