Una nutrida marcha tuvo lugar ayer en la capital del estado en respuesta a los hechos violentos del pasado martes, en los alrededores del Congreso local. Un día antes, el gobernador Omar Fayad, durante un discurso que ofreció a propósito de los 40 años del hospital general, se refirió al suceso del martes y atribuyó el acto violento a un grupo político vinculado a la universidad, eso en referencia a la Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), a quien atribuyó actitudes vandálicas y porriles. La marcha de ayer dejó en claro que el movimiento que repudia la insólita prisa del Congreso local por aprobar reformas y hacer nombramientos al “aventón” no solo es autoría de universitarios, sino también de campesinos, profesores, estudiantes y activistas vinculados a otros movimientos como el que encabeza el diputado electo Cipriano Charrez. El gobernador y la clase política que domina el Ejecutivo estatal y otros espacios de poder local optó por trivializar un movimiento responsabilizando de todo a la cabeza del Patronato Universitario Gerardo Sosa Castelán. Ignoran o no quieren ver que el movimiento que llevó a Andrés Manuel López Obrador a la presidencia es un crisol que aglutina a una sociedad agraviada por un sinfín de injusticias. Pero es más cómoda la visión reduccionista. Quizá el gobernador del estado debería contratar asesores más preparados o con al menos mayor sentido común. Así se habría ahorrado muchas decisiones desatinadas, no solo hoy, sino en el futuro. Si quiere seguir con su miopía, al final el propio mandatario terminará pagando los platos rotos de no saber leer el descontento de la ciudadanía. De filón. Ayer se registró un lamentable accidente que, como todos los percances de ese tipo, no son tan fortuitos. El percance se debió a un derrumbe en una mina de mármol de la localidad Dengantzha, en Francisco I Madero, en el que hasta el corte de esta edición habrían muerto tres personas. Ya se verán las investigaciones para deslindar responsabilidades.

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