IRÍA FERRARI

Pachuca.- El punto G no es difícil de encontrar. Solo hay que poner el dedo en el interior de la vagina, empujar hacia arriba… y ya.

Luego hay unas tales glándulas de Skene, que son las responsables de que si presionas en cierto punto, una mujer acabe soltando un chorro que en sánscrito se llama amrita, el néctar de los dioses.

Y claro, se ve que debe haber tutoriales de Internet o algo, porque últimamente el nuevo jueguecito es hacer que esquirtees, lo cual parece divertir mucho al que lo consigue, pero no tanto a la dueña de las sábanas.

Por otra parte, a mí me gustan los orgasmos múltiples, los largos, los que se mantienen durante 20 minutos, y lo de la fuente de marras queda muy espectacular y muy bonito, pero dura poco.

Además, eyaculación y orgasmo son cosas distintas, aunque a menudo vayan juntas. De hecho, muchas mujeres que eyaculan lo hacen antes de llegar al clímax (para los que aún andan perdidos en el tema, leer esto antes).

Y es que en el porno, hasta le han puesto nombre a la postura de la mano para conseguir el squirteo: “Spiderman”, porque se unen los dedos corazón y anular, simulando la mano del superhéroe al lanzar su tela de araña.

Pues eso: el porno ha glorificado el squirting de tal forma que ahora el puñetero squirting está de moda y no hay modo ni manera de que le expliques que, por mucho que le hayan contado, el mayor placer que has experimentado en la vida no va asociado precisamente a cargarte la colcha de 100 euros.

Al ver que ese fluido no deja de ser prácticamente solo agua, eso no quita que cambiar las sábanas dos o tres veces por semana sea divertido…y económico.

¿Y por qué el porno glorifica el squirting? Bueno, en primer lugar porque los hombres creen que las mujeres queremos ser como ellos. Y si ellos eyaculan y asocian la eyaculación con placer, pues entonces nosotras deberíamos ser iguales. Pero no, no funciona exactamente así.

Por otra parte, vivimos en un sistema capitalista que exige de cada actividad un rendimiento mensurable y contable.

Por ejemplo, si salimos a correr, no basta con ir a correr sin más. Tenemos que hacer running y llevar un aparatito en el brazo que mida y monitoree el ejercicio.

Para ver cuántos kilómetros has hecho y compartirlo con el mundo entero. Correr con pulsómetro es algo básico hoy en día.

Saber a cuánto va tu corazón mientras sudas por las calles de tu ciudad, es muy importante para poder controlarte y saber tus límites, y sobre todo, para picarte y compararte con el vecino. No vale correr sin más, tienes que saber cuánto y cómo corres.

Por eso no vale correrte sin más. Hay que saber cómo y cuánto te corres.

Un orgasmo normal, de los de toda la vida, se puede fingir a la mínima que una tenga maña, y vale, se pueden contar contracciones, pero hay que ser muy avezado para eso. Pero un squirt no se finge.

Imposible. Un squirt no es fingible. Y es mensurable. Y quien lo ha provocado se siente como el runner que se ha hecho dos kilómetros en 10 minutos. En el fondo, se la pela como te sientas tú. Lo que le importa es cómo se siente él.

Y el punto G, en realidad, está en la cabeza. Hacer feliz a una mujer no consiste en hacer que chorree como la Fontana de Trevi, sino tratarla con respeto.

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