Es increíble pero todo lo que comienza a funcionar en las urbes a iniciativa ciudadana ya sea por necesidad o por moda, tienen que entrar los gobiernos a querer regular porque pueden representar una fuente de ingresos o convertirlo en su botín político.
El uso de la motocicleta como alternativa de movilidad sustentable se ha vuelto viral al incrementarse de manera exponencial el uso de la motoneta y motocicleta, ya sea para trabajo o para transporte. Es un vehículo accesible a todos los bolsillos, ahorra dinero, tiempo, espacio y la emisión de contaminantes es mínima comparada con un automóvil ya no digamos con el transporte público.
Mientras que en países como España se fomenta el uso de la moto como vehículo de transporte por los beneficios en la movilidad urbana, emisión de contaminantes, su bajo costo en combustible. En México se está buscando hasta lo imposible por impedirlo, ¿o será que aquí, a través de regulaciones inútiles, quieren inhibir el uso de la moto porque el negocio de la gasolina se vería afectado?
Si tomamos en cuenta que una moto utiliza mucho menos combustible para trasladarse en comparación con un coche la misma distancia, el consumo sería menor, el ingreso sería menor y eso es malo para el negocio y aunque les importe un comino si las urbes se colapsan o se contaminan a estos empresarios les conviene que las motos no circulen: más gasto en combustible en un auto, más ingresos, “más dineros, dineros”.
El hoy no circula para motos, el robo anticonstitucional de la tenencia –el único país en el mundo donde el ciudadano tiene que pagar anualmente para poder conservar su vehículo y también es extensivo a las motos–; la licencia, multas excesivas, placa, tarjeta de circulación, corralones y extorsiones, ni solucionan el problema de la movilidad sustentable, ni el de la contaminación y lejos de eso se está convirtiendo en otro negocio más de la Secretaría de Hacienda, tesorerías, las distintas dependencias en todo el país de movilidad urbana, registro vehicular, Seguridad Pública, Tránsito y Policía quienes también le entran al quite y hasta se ha vuelto su deporte favorito el detener motociclistas nada más porque sí en supuestos “retenes de rutina” violando hasta derechos constitucionales.
Para tener una movilidad sustentable en las ciudades no necesitamos secretarios ni tecnócratas ni seudoespecialistas en urbanidad inventando fórmulas ridículas y hasta inmorales que lejos de solucionar el problema, fomentan la corrupción y el negocio de autoridades y hasta empresarios. Hay motociclistas que prefieren abandonar sus motos en los corralones porque cuesta lo mismo sacarla que comprar una nueva, en el caso de las motonetas y motos de bajo cilindraje, de hecho son miles de motocicletas que acaban ahí y van directo a la chatarra, pero de eso si están preocupados, hacer chatarrizaciones más “amables con el ambiente”.
Ahora los sesudos especialistas amenazan con meterle verificación a las motos, calcomanías, Hoy no circula, licencias según el cilindraje de la moto y los años de experiencia para poder manejar una moto de alto cilindraje. También enfundar a los motociclistas con chalecos y cascos que porten la placa del vehículo como si fueran arbolitos de navidad, ¡y claro!, todo por otra módica cantidad de dinero que parará a los bolsillos de algún secretario o funcionario público.
El caso es que la moto se ha convertido en una solución de movilidad en las grandes urbes. Solo imaginemos que los tripulantes de las 200 mil motos que circulan a diario en la Ciudad de México (El Economista, 12 de agosto de 2017) se subieran de nuevo a un automóvil y al saturado e inoperante transporte público. Se colapsa la ciudad. Es más, no sería mala idea realizar “un día sin moto” como propuso por ahí algún motero rebelde, a ver si así las autoridades de allá arriba entienden la dimensión del problema y lo simple de la solución.
Al final, los beneficios sociales, de movilidad, económicos, ambientales, y de salud que están demostrados por el uso responsable de la moto, son muy superiores a las torcidas ambiciones y la limitada visión de quienes se encargan de la movilidad urbana. Porque encima, no solo es un medio de transporte que se utiliza sin distinción de raza, género, edad (claro de la edad permitida para la licencia y para arriba), posición social o ideología. También es una fuente de empleo de cientos de ciudadanas y ciudadanos que viven de ellas. Así que sigamos rodando y si siguen las “ocurrencias”, ya sabemos: “un día sin motos” y todos a los autos, colapsemos la ciudad. Nos vemos en la ruta y buenas rodadas para todas y todos.

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