Raúl Arenas García

Coordinador de la licenciatura en comunicación del ICSHU

Al mismo tiempo que la educación avanza a pasos agigantados durante los primeros años del siglo XXI, la dimensión internacional de la educación superior ha ganado importancia y cada vez se torna más compleja. Poco a poco se van sumando nuevos actores, nuevos fundamentos, nuevas regulaciones y un cambiante contexto de globalización. La internacionalización promete a las universidades un gran cambio en la forma de ofrecer y compartir su razón de ser: la generación del conocimiento.
La dimensión internacional es un factor que compromete distintos significados dependiendo de los objetivos, metas y proyectos que cada institución de educación superior se plantea.
Entre otras cosas, la internacionalización representa una serie de actividades como la movilidad académica para estudiantes y profesores; la creación e implementación de redes internacionales, asociaciones y proyectos; la apertura hacia nuevos programas académicos e iniciativas de investigación, el intercambio educativo con otros países a través de experiencias reales o virtuales, refiriéndonos a esta última como la educación a distancia. Para Jane Knight (1994), investigadora del Instituto de Ontario de Estudios en Educación, Universidad de Toronto, los proyectos de desarrollo internacionales, son percibidos de manera tradicional como parte de la internacionalización así como el incremento en el comercio de la educación superior.
El concepto dual de la internacionalización se debe a la evolución y aplicación del concepto en el ámbito institucional de las universidades, de esta forma se reinterpreta y se considera en dos vertientes: una directamente asociada con la proyección internacional de las capacidades docentes e investigadoras propias de cada institución de educación superior; y la otra, conformada por estrategias de fortalecimiento institucional al interior de la propia universidad.
Así, se presentan los dos rostros de la internacionalización, la presencia de la dimensión internacional al interior de la institución y la presencia en el escenario internacional de la educación superior. América Latina advierte claramente esa distinción, puesto que la internacionalización hacia dentro se constituye en una nueva estrategia para su propio fortalecimiento institucional y la transformación de los modelos educativos.
Se tiene contemplado que para el 2025, la demanda de educación internacional a nivel mundial aumentará a 7.2 millones de estudiantes, una cantidad muy por encima de los 1.2 millones de estudiantes que se registraron en el 2000. Algunos, aunque no todos los que pertenecen a esa demanda, serán cubiertos por la denominada movilidad de estudiantes (Knight, 1994).
Como respuesta a esa situación, el número de instituciones, públicas y privadas, que imparten programas a estudiantes en sus países de origen, se está incrementando a un ritmo vertiginoso. En México, se han realizado una serie de acciones para conocer los intereses y los sitios que gozan de mayor afluencia de estudiantes móviles. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Movilidad Estudiantil Patlani (2014), en 2012, se encontraban inscritos en total 17 mil 689 estudiantes nacionales que reportaron movilidad internacional: 46 por ciento son hombres y 54 por ciento son mujeres. 10 mil 053 estudiantes internacionales realizaron una estancia de movilidad en México: 53 por ciento son hombres y 47 por ciento son mujeres.
Para la segunda edición participaron casi todas las de instituciones de educación superior mexicanas, es decir, 3 mil 440 IES, públicas como privadas, de las cuales únicamente respondieron 125. De esas 125, solamente 86 reportaron haber tenido movilidad estudiantil.
Los principales lugares de destino de la movilidad saliente de México son: España con 3 mil 500 estudiantes (19.7 por ciento), Estados Unidos con 2 mil 700 (15.2 por ciento), Francia con mil 600 (9 por ciento), Canadá con mil (5.6 por ciento) y Alemania con 900 (5 por ciento).
Los estudiantes de movilidad entrante provienen principalmente de Estados Unidos con mil 516 estudiantes, Francia con mil 298, Colombia con 808, España con 680 y Alemania con 667 estudiantes. Por regiones, el grueso de la movilidad saliente se dirige hacia Europa (8 mil 602 estudiantes), América del Norte (2 mil 636 estudiantes) y América del Sur (mil 557 estudiantes).
La movilidad entrante, por continente, proviene principalmente de Europa (3 mil 615 estudiantes), América del Sur (2 mil 794 estudiantes) y América del Norte (mil 779 estudiantes). En lo que refiere a los campos formativos de los estudiantes, destaca la relevancia de las ciencias sociales frente a otras áreas de estudio.
De acuerdo con Patlani, se agrupa un 44 por ciento en alumnos nacionales y 50 por ciento en estudiantes internacionales. Por ello, la importancia de abonar en el tema intercultural, es decir, lo que interesa debe ir más allá de la experiencia académica en el extranjero.
La movilidad estudiantil es la posibilidad de cursar un periodo de estudios en una institución nacional o extranjera, con la cual exista un convenio establecido. En el caso de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, el periodo de movilidad está contemplado una vez que el o la estudiante haya cubierto, como mínimo, el cincuenta por ciento de sus créditos académicos en cualquier plan de estudio.
Es así como la UAEH pretende fortalecer el proceso de internacionalización, semestre tras semestre y sustentado en la calidad educativa que recibe la comunidad universitaria en cada una de sus escuelas superiores e institutos, pero, ¿será suficiente?
En ese sentido, la internacionalización es vista por la UAEH como un compromiso que favorece el vínculo al exterior y la pertinencia social, por ello, se recomienda no solo mejorar los atributos en ese sentido, sino favorecer su operacionalización y evaluación.
La UAEH, a través del PDI, plantea el renovar sus vínculos a nivel nacional e internacional a través de alianzas estratégicas y redes de colaboración disciplinarias e interdisciplinarias, para mejorar, entre otras cosas, la movilidad académica, la transferencia y reconocimiento de créditos escolares y programas educativos, que permitan la colaboración interinstitucional para la articulación de planes y programas y el desarrollo de proyectos académicos y de investigación.
En México y en el mundo, son cada vez mayores los requerimientos que se toman en cuenta para formar a un estudiante, uno de ellos apuesta por el desarrollo de competencias, mismas que les permitan ser mucho más competitivos en el mercado laboral, es por ello que las medidas que tome cualquier IES debe corresponder al nivel de exigencia en el que se involucran todos aquellos que participan en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Directivos, docentes y padres de familia deben estar cada vez más involucrados y comprometidos con la formación de los estudiantes, no se debería propiciar la movilidad a otro país sin las herramientas necesarias para enfrentarse a los desafíos del mundo globalizado en el que coexistimos.
Los esfuerzos que se han realizado con la finalidad de insertarse en el proceso de internacionalización por parte de las IES podrán ser muchos pero se debe tener cuidado en el aseguramiento de que los procesos de formación en el alumnado sean profundos y de alta calidad, de esta manera podemos augurar éxito en los casos de estudiantes que realizan intercambio internacional con la plena seguridad de que estos serán provechosos y permitirán al estudiante, una vez que egrese, contar con mejores herramientas frente a los que no participan en dicho proceso.

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