Rosalía Trejo León
Área académica de música

Es necesario contextualizar sobre los proyectos sociales y en esta ocasión tocará el caso de Brasil. En la década de 1990, la expansión de esos programas en el país sudamericano se debió a varios motivos ligados a las raíces sociales y culturales de las prácticas educativas y de asistencia; se organizaron acciones a través de asociaciones, fundaciones y organizaciones no gubernamentales (ONG’s). En la realidad brasileña, el cuadro de pobreza en los últimos años del siglo XX y las primeras décadas del XXI se manifestó con un aumento al crimen infanto-juvenil que llevaron cada vez más a actos violentos como tráfico de drogas y asaltos a mano armada. En diferentes estados se han desarrollado ejemplos de proyectos sociales que han cumplido la función de incorporar elementos de civismo, búsqueda de mejor calidad de vida, acercamiento a la educación, entre otros beneficios comunitarios; a continuación, menciono algunos programas sobresalientes a nivel nacional e internacional.

La asociación Muchachos de Morumbi es una ONG creada en 1996, localizada en Sao Paulo, que promueve los valores positivos a través del arte desarrollando el trabajo en grupo y practicando hábitos de ciudadanía.

El proyecto Gurí es un programa socioeducativo de enseñanza musical colectiva, creado en 1995 por la Secretaría de Estado de Cultura del Gobierno de Sao Paulo.

El proyecto Villo-lobinhos, creado en el año 2000, ligado a la ONG Viva Río, promueve la educación musical para jóvenes de entre 12 y 20 años provenientes de comunidades pobres de la región metropolitana de Río de Janeiro.

En Salvador de Bahía se encuentra la escuela de música Pracatum, fundada en 1994, que funciona con esquemas educacionales y comunitarios para la población del barrio de Candeal Pequeño, una colonia carente y marginada de la ciudad Salvador, ofreciendo talleres de música que tratan de rescatar la cultura local.

Además de esos espacios de ONG’s, las experiencias de educación musical se han dado en otros contextos como orfanatos, asilos, hospitales, centros con personas con capacidades diferentes, en prisiones y centros de ayuda a jóvenes. Un espacio que no puede dejarse de mencionar es el de la escuela pública. Algunas instituciones ofrecen acciones educativas asociadas a la inclusión social con actividades, llamadas extracurriculares, que en algunos casos tienen la función de reducir el tiempo de exposición de los niños a los riesgos inherentes de las calles donde viven y transitan. Así se propone que más escuelas reciban a esos alumnos en riesgo en tiempo integral.

Se puede decir que las acciones sociales realizadas por profesionales de la música en ese tipo de proyectos han contribuido para que la enseñanza de la música sea más democrática y accesible a poblaciones excluidas. Es evidente que es necesario observar y saber lidiar con relaciones humanas que se vuelve un desafío para las prácticas musicales dentro de esos espacios desfavorecidos. Citando a Freitas y Weiland (2014) hablar de música y sociedad, de música y comunidad, de música y proyectos sociales, significa hablar de construir cotidianos más justos y dignos, en los que sea posible descubrir las relaciones que se dan a través de la música, de tal manera que esas interacciones puedan ser más humanas en una perspectiva solidaria y cooperativa.

Referencia

Souza, Jusamara, et al, (2014). Música, educação e projetos sociais. Editora TOMO, primera edición. Porto Alegre. Muestra del libro: http://tomoeditorial.com.br/userfiles/musica_educacao_e_projetos_sociais_degustao.pdf

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