Mucho antes de la Revolución, la música ha puesto en coincidencia a muchos mexicanos que saben que tenemos esa gran cultura y que –en stricto sensu– es lo que nos une más, su relación con la sociedad y su influencia natural para disminuir la violencia en este país, nos la han quitado casi del todo, siempre la han hecho menos, especialmente de finales del 96 a la fecha, cuando desaparece la autoridad, la materia de civismo y, con ello, la música mexicana es herida muy gravemente; es indudable que si tuviéramos más mexicanos estudiosos de la música, intérpretes, compositores, cantantes, entre otros, tendríamos mucha más juventud fuera de las garras del crimen organizado y sus, aparentemente sencillos, modos de hacer mucho dinero, para tenerlos más centrados en ayudar a vivir con serenidad, en armonía, como la propia música, por ello comparto este escrito que, me parece, nos invitará al menos a reflexionar, consideremos que cada minuto que nuestros jóvenes pasen leyendo esto, estudiando y haciendo música, nos dará siempre menor tiempo para que el monstruo de la delincuencia y violencia pueda arrebatárnoslos y dejarnos sin esas grandes posibilidades para todos de esta forma fundamental para disminuir la violencia.
Veamos, tras la caída de la dictadura en 1910, suceden años de luchas intestinas en las que participan las clases medias, los obreros y los campesinos; pero en 1919, tras el asesinato del revolucionario líder agrarista Emiliano Zapata, la burguesía asume el poder. En la música de arte algunos cantantes de ópera y pianistas destacaban en el viejo continente y surgieron compositores del Romanticismo, entre quienes se encuentra Ricardo Castro y Manuel M Ponce.
Como canción popular, el antiquísimo corrido adquiere su mayor auge a partir de la Revolución mexicana, ya que por su carácter narrativo es un útil instrumento de comunicación que describe las lides, las escenas de campaña, los éxitos y derrotas del soldado y su inseparable mujer, la soldadera; el forajido, la cotidianidad de los pueblos, las costumbres lugareñas… Como género bailable popular se impone el jarabe, una especie de suite conformada por varios sones. Originalmente se acompañaba por bandurrias y guitarras y algunas veces con arpa, violín y una especie de bandola, pero actualmente los sones se acompañan con mariachi.
A principios de la década de 1950, la televisión puso una vestimenta especial a este ensamble musical y le añadió el uso de la trompeta, colocando este grupo en una destacada posición dentro de la música tradicional y su difusión dentro de los medios. Ya desde antes, entre las décadas de 1930 y 1940, el cine había consolidado la posición del mariachi con la producción de películas que mostraban una imagen esquematizada de México, en donde todo giraba en torno al charro emblemático del auténtico mestizo mexicano, al tequila (aguardiente destilado del agave y actual bebida nacional) y al mariachi. El famoso son “Jarabe Tapatío” es considerado el baile nacional, y se interpreta por la característica pareja del charro y su compañera, la china poblana.

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Asesor especialista en políticas públicas de alta injerencia social, licenciado en derecho por la UNAM, maestro en tecnologías de la información con carácter social, productor y director de cine (cortometrajes y películas independientes) y de televisión (documentales y comerciales). Cambridge English: Proficiency.