Aquella mañana de domingo 7 de febrero de 1960 dejó muchos y gratos recuerdos en la memoria de la viejilla y de esos enrevesados pelones. Cayó una fuerte, fría, destructora helada que marchitó quemando la mayor parte de las plantas que la abuela tenía primorosamente colocadas en el patio de la vecindad, afligida suspiró “fue una helada negra”, luego el Sol acogió el día volviéndose grato en la vieja plaza Mayor-Constitución pues se repetía el programa del “59 aniversario de la banda de rurales, banda de Charros, sinfónica del estado” el escenario, el lugar, el teatro, fue el maravilloso quiosco-pérgola- pabellón de 1939 “de las músicas”. Quiosco de las artes decorativas art déco, diseñado por brillante profesional brasileño, de ascendencia italiana y estudios en la Unión Americana.
La vieja mujer al recordar aquel pabellón doctamente gimoteaba “la arquitectura es parte y expresión de una cultura, una obra autentica, profesional, construida con ingenio, arte e imaginación, es entendible, gustable a la luz de su propia cultura de la que es concebida”. El quiosco fue un claro ejemplo de una obra que cambia el uso de los materiales de construcción, en el segundo tercio del siglo XX, donde ya se utilizó el cemento como aglutinante, la arena-grava como agregados y el fierro corrugado-varilla como refuerzo para dar un concreto armado, viéndose por vez primera en la ciudad una obra pública utilitaria de uso común sin muros empleando columnas y trabes de concreto armado para soportar losas o cubiertas del mismo material, ingeniosamente concebidos a manera de paraguas-sombrillas, dando como resultado un seductor, oficioso, hermoso pabellón-pérgola cubierto para todo tipo de expresiones públicas en la plaza principal alcanzando una muy buena solución en un espacio con muchos usos, escenario con propósito original.
Esa obra, “¡toda la arquitectura!” agregaba ella, pertenecen a un lugar o espacio designado dentro de una expresión, a un determinado tiempo que si se conserva llegará a ser de arraigo y aprecio en la gente, da señas de momentos que luego la población común ha llamada de históricos por que todos los recuerdan. Indicaba la abuela “las obras públicas arquitectónicas se ubican cual si fuera un punto donde se cruzan el espacio geográfico-localización y el tiempo–temporada de su finca que es el histórico.
“Llegar temprano a la ansiada audición de la banda de charros” insistía ella, la mayoría de veces la ancianilla cargaba hasta con silla de madera, sin olvidar la bolsa de ixtle y el guangoche de lona con lo necesario para el taco placero. Ver a los filarmónicos charros músicos portando ese día un atuendo negro de gala compuesto por chaquetín corto, con enorme corbatón de moño rojo como seda, luciendo impecable, limpia, almidonada, blanca camisa, botonaduras dobles y pequeñas cadenas plateadas color argento en solapas y puños, destacando, llamando la atención, en costados del pantalón que nacen 10 centímetros debajo del cinturón para rematar arriba de los relucientes, lustrosos, con demasiado brillo casi de charol zapatos negros, eran señaló la ancianilla “la propia banda de música de gobierno del estado”, personajes bien conocidos e identificados por la población pachuqueña.
Reconocidísimos los músicos uno a uno por el virtuosismo de sus ejecuciones en gozosos conciertos audiciones y serenatas en la pérgola Abundio Martínez de la plaza Independencia acompañante del Reloj, en las celebraciones cívicas del gobierno, pero sobre todo en las magistrales interpretaciones domingueras en el centro, en el jardín, en el portal, en la plaza Constitución ahí en la pérgola, pabellón, quiosco lugar escenario de faustuoso teatro. En su esplendor las artísticas, cautivadoras e inolvidables ejecuciones, especialmente en el 59 aniversario de la antigua banda de rurales, debutante el 20 de enero de 1901. El maestro de ceremonias dio en esa celebración la bienvenida al público en general que ocupaba las sillas colocadas en parte de la plaza Mayor, en las bancas de fierro fundido, en los bellos jardines bajo la sombra de cálidos árboles, se dirigió a los “pachuqueños de todas las clases sociales y muy especialmente a los conocedores y diletantes de la buena música”, fue dignísimo escenario el quiosco-pabellón pérgola art déco de tal evento, para luego caer en manos de la ingrata inconciencia al ser demolido, echado por tierra por la ignorancia, por mentes ennegrecidas de razón y conocimiento, ¡negra, negrísima acción en el centro!
El cascabel al gato ya se oye, lo que la población sabía, aunque de voz en voz, pero nunca con certeza, es que diputados locales de todos los partidos por muchas legislaturas, por no decir que todas, “están al servicio del Ejecutivo” no como “poder autónomo elegido democráticamente”, hoy escuchamos pública y sínicamente, que sin desquitar con trabajo de resultados, esos se dan sueldos estratosféricos para un estado de los más atrasados y pobres del país, ¡toda una ofensa a la población hidalguense! Declaró la presidenta del Congreso que “no se les da más que lo que por ley se merecen pues lo importante es mantener las finanzas sanas” ¡sí tú, ten fe! Lo que defienden son sus intereses, trampolines, amistades, familia, relaciones, favores y ganancias no el bienestar de la población, atreviéndose a cobrar apetitosas y escandalosas dietas, cambiando al Ejecutivo su causa, si es que en algún momento la tuvieron, aprobando todas las iniciativas ¡“verdadero cohecho del Ejecutivo al Legislativo”! ¡La viejilla metería cizaña como costumbre! “no más rascarle al ‘otro poder’ al ‘judicial’ y levantando la costrita supurará pus”. “Que el tuzoburro de Paco no más no, ¡ya se echó!” diría ella, es “un jumento para el que no da la ciudad” causante de gran perjuicio para el ir, venir y llegar, grandes deudas, atascaderos, destrucción y desaparición de comercio en pequeño al trote del tuzoburro.

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