El sociólogo y antropólogo francés Edgar Morín, hoy de 98 años, asegura enfático que “nuestra civilización, nacida en occidente, creía dirigirse hacia un futuro de progreso infinito que estaba movido por los progresos conjuntos de la ciencia, la razón, la historia, la economía y la democracia”.

Las recurrentes crisis que la economía global, y particularmente la mexicana, han vivido desde la década de 1970 y que encontraron en la recesión mundial de 2008-2009, uno de los momentos más difíciles y complejos de la historia reciente, prueban que la ilusión ha terminado; las graves dificultades económicas que, no se han resuelto y ahora han vuelto con más fuerza.

De la misma manera, en el terreno de la democracia resurgen con fuerza las posturas populistas, autoritarias, el iliberalismo, que son el camino hacia la no libertad –Timothy Snyder-. Frente a esta complicada realidad, la pregunta que muchos ciudadanos se formulan es: ¿Cuál es la ruta?, ¿es la hora de adoptar medidas económicas radicales?, ¿cuáles? Muchas preguntas, pocas respuestas.

Este ejercicio de reflexión, debe contribuir a enriquecer el debate, la crítica, el análisis. La democracia necesita de ciudadanos que desafíen el poder, que impidan su discrecionalidad, el uso del poder unipersonal; la tabla de salvación de la democracia es la transparencia, la rendición de cuentas; fortalecer los contrapesos y la descentralización del poder es un camino que impide el ejercicio de la presidencia inmaculada, milagrosa, protectora, esa que se mira complaciente en el espejo del populismo.

A este esfuerzo de energía social y de reflexión propositiva, busca sumarse el Grupo nuevo curso de desarrollo, que está conformado por un grupo de investigadores de la UNAM y reconocidos políticos, entre los que se encuentran: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Francisco Suárez Dávila, Carlos Heredia, Rolando Cordera, Julia Carabias Lillo, David Ibarra Muñoz, Ciro Murayama, Enrique del Val Blanco, Carlos Tello, Gerardo Esquivel.

Este grupo plural y de múltiples opiniones, además de independencia e imparcialidad, buscan ser una voz, entre muchas, en esta compleja y contradictoria sociedad mexicana. Sus propuestas, además de bienvenidas, deben ser analizadas y discutidas.

Lo peor que nos puede pasar como sociedad es que cuando la política se trata de que todo sea mentira, el poder ya no necesita la verdad para obtener obediencia –Hannah Arendt–. Cuando la mentira, la simulación, se convierten en atractivas, necesarias, se transforman en lemas, en verdades (el holocausto nazi; los migrantes mexicanos como explicación de la crisis de Estados Unidos). Las voces diversas, que disienten, plurales, que confrontan al poder, lo cuestionan, lo irritan, lo incomodan, son fundamentales en el propósito de analizar y proponer posibles soluciones.

Con ese espíritu, este Grupo nuevo curso de desarrollo, establece un diagnóstico de los grandes problemas y ubica cinco puntos relevantes: 1) Lento crecimiento de largo plazo de la economía, expresado en la evolución del producto interno bruto per cápita, y por tanto del empleo y de la productividad; 2) Desigualdad en la distribución del ingreso; 3) Escasa movilidad intergeneracional de la población en términos de ingresos, educación, salud y otros indicadores; 4) Pobreza urbana y rural, y 5) Violencia que provoca miles de muertos –marzo fue el mes más violento desde 2009, con 3045 muertos– desplazados, desaparecidos y su impacto en la economía.

Detrás de estos grandes problemas nacionales existen razones de fondo; la estrategia económica supuso la adopción de la estabilidad macroeconómica como condición necesaria y suficiente para la expansión sostenida y elevada de la actividad productiva. La fórmula proponía una suerte de mano invisible que aseguraba: resuélvase la inflación y con ella se solucionaran todos los problemas económicos y sociales. Pronto se revelaría la otra realidad: dolorosa y violenta.

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