En la entidad está ocurriendo el peor escenario: la práctica de ordeñar ductos de Pemex para vender combustible de manera ilegal se está volviendo una práctica común, que comienza a verse con normalidad en algunas regiones del estado. Tan es así que en enero Hidalgo se convirtió en el número uno por la cantidad de tomas clandestinas encontradas en su territorio, por encima de Puebla y Guanajuato. Tezontepec de Aldama es un ejemplo de cómo ese delito está trastocando la vida de sus habitantes, quienes tienen que soportar vivir en un entorno de ilegalidad, que a su vez trae consigo violencia y muerte. Ayer, por ejemplo, un enfrentamiento, ocurrido por la tarde, dejó un saldo de cinco muertos y al menos una persona herida. Aunque la causa del conflicto aún no es clara, las propias autoridades explicaron que los hechos pudieron deberse a un ajuste de cuentas entre personas que se dedican a la extracción y comercialización ilegal de hidrocarburo. Ese ambiente de inseguridad ya ha sido denunciado por el alcalde Pedro Porras, quien incluso sugirió la ayuda y presencia del ejército para contrarrestar la alta incidencia del huachicoleo y por los hechos violentos que trae a su alrededor. Este fenómeno, además, no se reduce a una región en particular, sino que se ha extendido cual cáncer. En Cuautepec, otro municipio castigado, ayer mismo fueron encontrados 600 litros de hidrocarburo ilegal en la batea de una caja hechiza de una camioneta. Lo peor fue que quien conducía la unidad era un expolicía municipal. Estamos ante la normalización de ese delito que nos puede llevar a escenarios cada vez más peligrosos. Estamos aún a tiempo de detener esa espiral. La pregunta es: ¿quién comienza?

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