No es la teoría cíclica de la historia, repetición de las mismas etapas, sino el desarrollo en espiral, que plantea, sí, un retorno, pero en un nivel superior. Y es el caso que China ha recuperado la categoría de gran potencia que tuvo antiguamente, patria de la seda, el papel, la tinta, la imprenta, el compás, la brújula, la pólvora, la porcelana y los primeros billetes. Desde el siglo II antes de Cristo ya llegaba la seda a Roma, desde China, dando nombre a la ruta comercial que conectó Alejandría y Bizancio con Xian, cruzando por Damasco, Bagdad o Samarkanda, y atravesando los desiertos de Taklamakán y Gobi. En nuestros días, como un renacimiento, un gigantesco proyecto de logística comercial, la nueva Ruta de la Seda, es promovida por China y Rusia. En septiembre de 2013, el presidente Xi Jinping propuso el proyecto, consistente en un corredor ferroviario y una ruta marítima que harán realidad la integración euroasiática a través de rutas comerciales entre China, Paquistán y Mongolia, y también con Uzbekistán y Turkmenistán, exrepúblicas soviéticas, y con conexiones que alcanzan hasta Hungría y Serbia. El 23 de agosto, el presidente Kazajo invitó a Polonia a incorporarse, y Xi Jinping visitó ese país en junio pasado. La ruta norte pasa por Kazajistán y Rusia, para seguir a Bielorrusia, Polonia, Alemania hasta llegar a Holanda. Dentro de territorio chino contempla 40 mil kilómetros de vías para trenes de alta velocidad; además, un tren rápido que comunicará Beijing y Moscú. En su conjunto, solo el proyecto de transporte tiene un costo estimado de 100 mil millones de dólares que aportará el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, BAII, además de 40 mil millones financiados por China.
La Ruta Marítima de la Seda del siglo XXI enlazará una red de puertos desde el Mediterráneo norte, tocando El Pireo, en Grecia (administrado ya en parte por China), siguiendo por el mar Rojo a Kenia, en la costa africana, y de ahí a India, Tailandia y la costa china. Conectará Indonesia, Vietnam y Laos, países donde China construye hoy seis plantas cementeras; también Singapur (que jugará un papel preponderante). En total serán 60 países involucrados en distintas formas y grados: 30 han firmado ya el convenio con China. El costo de los proyectos propuestos, de transporte y otros complementarios, supera los 250 mil millones de dólares y el impacto general es formidable. Según el periódico La Vanguardia, de abril-junio de 2016, considerando todos los países, la Ruta de la Seda conectará el 75 por ciento de las reservas energéticas del mundo, 70 por ciento de la población, y un territorio donde se genera 55 por ciento del PIB; a lo largo de sus 13 mil kilómetros, hasta el centro de Europa, ésta será la ruta ferroviaria más larga, y ya opera este corredor entre China y Rusia pasando por Kazajistán: el traslado de mercancías, que se hacía en una semana, hoy se reduce a dos días. Esta ruta norte es por tierra y no requiere la transferencia de la carga a barcos. El proyecto está en marcha: el 15 de febrero llegó a Teherán el primer tren procedente de Zhejiang, haciendo un recorrido de 10 mil kilómetros en 14 días, cruzando Kazajistán y Turkmenistán; normalmente el viaje entre estas ciudades se hace, vía marítima, en 37 días.
El proyecto de transporte y comercio genera nuevos equilibrios económicos, políticos y militares, que superarán al mundo bipolar que prevaleció durante la Guerra Fría, con la Unión Soviética y el bloque socialista (con algunas reservas pero incluyendo a China), enfrentados con Estados Unidos, que lideraba a Europa y Japón, remplazado a la caída de la URSS por Norteamérica, que se impuso sobre Europa y el mundo capitalista. Como potencia única diseñó una economía global a su conveniencia, creó instituciones, tratados comerciales, implantó la llamada liberalización financiera, impuso el Consenso de Washington, inundó al mundo con dólares que cada día valían menos, impuso reglas mercantiles que obligaban a abrir sus economías a los países pobres, mientras las potencias aplicaban una política proteccionista. Dueño del mundo, gozó de absoluta impunidad para invadir países y apoderarse de recursos naturales y mercados. Hoy tal situación está siendo superada.
Observamos la decadencia del poderío norteamericano, al tiempo que la Unión Europea se estanca económicamente y se debilita, mientras por otra parte se consolida un bloque de países que asumen un mayor protagonismo económico y político en la arena mundial. La nueva Ruta de la Seda muestra precisamente el crecimiento de China y la fortaleza de Rusia. China ha sacado adelante al BAII, al que Estados Unidos prohibió ingresar a Australia y Japón, entre otros, y que hoy cuenta con 41 países miembros, incluido el Reino Unido. Como medida proteccionista y para cerrar el paso a la expansión de china, Estados Unidos firmó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, TPP, con 11 países, pero hoy la Ruta de la Seda rompe el cerco e irrumpe en Europa misma.
En cuanto a sus repercusiones, la nueva Ruta de la Seda impulsará el desarrollo de las provincias chinas del interior, rezagadas con respecto a la próspera franja costera. Reducirá considerablemente los costos de transporte, dando así a China y Rusia una mayor competitividad en el mercado europeo. Concretará la propuesta euroasiática, con la que el eje Moscú-Beijing seguirá consolidándose como alianza estratégica que convierte a ambas potencias en un poderoso polo económico, político y militar, contrapeso al poderío norteamericano. Europa encontrará una alternativa de comercio con Asia, que le dará mayor margen de independencia frente a Estados Unidos, para diseñar su propia política. Con el cúmulo de transacciones comerciales realizadas, el dólar seguirá perdiendo piso en la medida que el comercio entre Europa y Asia se realice en las divisas de los países involucrados. Aunque desde nuestra perspectiva y la de otros países sometidos estos hechos parezcan lejanos y ajenos, indudablemente influyen positivamente al crear nuevos equilibrios y acotar el poderío de las potencias capitalistas occidentales. Sin duda, esta obra colosal modificará el mapa económico y la geopolítica mundial. Finalmente, es inherente a la dinámica del capital que el dinero y las mercancías baratas rompen cualquier valladar, y paradójicamente, hoy, de regreso, desde la muralla china, las potencias orientales superan a Estados Unidos con sus propias armas y atraen a Europa. Mientras tanto, desde su postración nuestro país sigue contemplando el progreso de otros pueblos.

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