A ver, déjenme ver si entendí: Brasil califica a Rusia 2018 y todos contentos; Japón e Irán logran la hazaña y todos sonríen; Bélgica alcanza un puesto en la justa y los califican de genios; México se clasifica a la justa y… todos se encabronan. Así. Sin más. Encabronados a grado tal que la bilis acumulada en 120 millones de mexicanos provoca un temblor de 8.2 grados Richter. ¿Pero por qué sucede esto? ¿Justa exigencia a nuestros atletas, federación y cuerpo técnico? ¿O acaso es el villamelonismo nacional en su máxima expresión?
Pues sí, la afición futbolera no está contenta y no es para menos: la selección nacional de México realiza pobres exhibiciones que se tornan más mediocres minuto a minuto. Los pamboleros dividen la responsabilidad y rechiflas de esta aparente tragedia en dos sectores, jugadores y director técnico. Y es que hace cuatro años la misma base de futbolistas casi se queda fuera de Brasil 2014.
Si bien algunos como Guardado han mantenido constancia mientras que otros como Gio son cuestionados en torno a su nivel de juego y decisiones profesionales, lo cierto es que gran parte del seleccionado nacional ha llegado a su límite. Ni se nos ocurra evocar a las generación olímpica de 2012 porque gran parte de sus miembros no tuvieron la continuidad requerida; mucho menos rememoremos la falacia de las generaciones de 2005 y 2011, esos jovencitos que se perdieron entre mundiales sub 17, medios que los inflaron, directivas que los ningunearon y un público que les exigió dar todo de sopetazo. No, no se trata totalmente de los jugadores a pesar de que muchos de ellos no son material para un combinado nacional.
Otra parte de la afición culpa a Juan Carlos Osorio de la crisis que vive la selección, y de paso, todo el futbol mexicano. La razón principal de esta acusación es su sistema de juego basado en rotaciones. Sí, su propuesta es arriesgada y poco convencional; sin embargo, JC comprende a la perfección la situación que vive el futbol mundial en la actualidad: necesitamos futbolistas más dinámicos, más versátiles.
Para muestra internacional está Sergi Roberto del Barcelona, el muchacho puede jugar de lateral, contención, volante o extremo. No obstante, aquí resulta criminal que Raúl Jiménez juegue de centrodelantero o de extremo, o que Diego Reyes sea central, contención o lateral. Mejor aún, si Zidane, Ancelotti o Valverde ejecutaran el mismo sistema de juego probablemente se les calificaría de genios, pero como Osorio no ha dirigido a ningún equipo europeo y nos valen madres sus estudios en Inglaterra para ser técnico, pues simplemente se le tilda de mediocre.
No queridos lectores, el problema va más allá de jugadores inconstantes, partidos aburridos y un técnico diferente a lo que se acostumbraba. El problema reside totalmente en una estructura a la que se le ha olvidado lo deportivo para brindar todo el peso al beneficio económico. Y no, no vengamos con la idea de que nuestra liga es competitiva, ¿qué calidad tiene una justa en la que su campeón se define cada seis meses, pueda calificar a un playoff como octavo lugar y al siguiente torneo dar lástima? No confundamos entretenimiento simplón con calidad.
¿Qué se necesita entonces para que cambie el futbol? Bueno, la respuesta reside en muchos factores, el primero de ellos es respetar procesos, el de Osorio y sus jugadores para empezar. Luego de Rusia 2018 la Federación Mexicana de Futbol debería organizarse y, de manera concienzuda, replantear nuevos proyectos y objetivos que sean realistas, pero que también den resultados de verdad. Finalmente nosotros, como aficionados, debemos ser más críticos sobre el futbol que vemos, porque no es lo mismo un torneo inflado con figuras que cobran mucho y juegan poco que una justa donde los atletas, literalmente, se parten la madre por ser campeones o no descender de categoría. Quizá así, el querido Tri no sería tan opaco, no sería ni común ni corriente.

 

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Licenciado en ciencias de la comunicación y maestrante en ciencias sociales. Reportero ocasional y columnista vocacional. Ayatola del rock n’ rolla. Amante de la cultura pop, en especial lo que refiere a la música, el cine y los cómics. Si no lo ve o lo lee, entonces lo escucha. Runner amateur, catador profesional de alitas.