Desde que Ángel Eduardo, aquel niño matemático de Zacualtipanito municipio de Tepehuacan Hidalgo, saltó a las páginas físicas y digitales de los medios, por ganar competencias estatales y luego nacionales para obtener un lugar dentro del equipo de niños mexicanos que acudirán al certamen mundial de matemáticas en Indonesia, más de dos en este país nos preguntamos: ¿Y cómo le hizo Ángel Eduardo para vencer todas las carencias propias de una escuela rural? ¿Cuáles son las causas que provocaron que este alumno de un rancho alejado del progreso, haya podido invertir a la lógica? ¿Cómo explicar el hecho de que un niño con un mundo tan pequeño, y además, con una familia desintegrada (Ángel vive con su tía) tenga un manejo de los números que aquellos hijos de contadores y que disponen de todo avance tecnológico no tienen?

Ángel, con su habilidad con los números ha puesto en seria evidencia a los actuales esquemas educativos, pues tendrá que haber explicaciones de los de arriba, para que entendamos que no es, ni milagro, ni obra de Satán.

Mientras esas explicaciones llegan, es importante ver las otras aristas del gran logro de Ángel. Por ejemplo, a lo cortito, para los que nacimos en Tepehuacan, Ángel representa la otra cara de la moneda de lo que conocemos por éxito individual. Tenemos el vano honor de que gente de este municipio haya recorrido el mundo, pero sin invertir talento y hasta con dinero ajeno. Con Ángel queda demostrado que es posible darle oxígeno a un municipio olvidado y ser, desde muy pequeño, una muestra de la bondad de la naturaleza y que su hazaña tapa algo de lo malo que otras y otros hicieron y que nos lo quieren vender como éxito.

Ese Ángel que no logró emocionar a Fayad y que ese solo le aconsejó que le siguiera echando ganas. “No le doy otra beca para que no vaya a ser que empiece a echar la hueva” fue el argumento profundo de alguien que conoce perfectamente lo que significa echar la hueva.

Adelante Ángel… Pronto entenderás todo lo que significa para tu comunidad, tu municipio y tu México la proeza que ya lograste.

Lo que haces, es la otra cara de la moneda de lo que muchos “estudiosos” hacen sobre esta tierra.

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