• Improvisación, ocurrencias, amenazas…
  • “Es difícil entender a AMLO”: Olga

De puntada tras puntada. De ocurrencia tras ocurrencia. De amenaza tras amenaza. De tropezón tras tropezón. Y todo, con el sello de la casa: la improvisación.

Así ha sido –con sus contadas excepciones– el gobierno de AMLO en apenas 80 días.

¿Qué es muy pronto para evaluar a un gobierno? Tal vez. Pero hay que hacerlo con lo que se observa y se tiene. Es lo que hay.

Por lo pronto, los parámetros preocupan y alarman, sobre todo los que afectan de manera más directa a la población: los económicos. El bolsillo. ¡Es la economía, estúpidos!, parafraseando la frase de Bill Clinton. Calificadoras y bancos batean plan de AMLO para rescatar Pemex. Eso nos debe preocupar a todos. Si Pemex se hunde, México se hunde.

Es la economía, y también la inseguridad, con ejecutados al por mayor y sin índices confiables –tan solo la palabra al viento y sin soportes informativos, estadísticos y comprobables de AMLO desde el púlpito mañanero– que nos indiquen que crímenes, secuestros, extorsión y asaltos han disminuido. Todo lo contrario: se mantienen igual. Este fin de semana, por ejemplo, la Ciudad de México tuvo un repunte en la violencia. Allí está la ejecución masiva en Iztapalapa. Más lo que se acumule.

Y sí: ayer fueron los muertos de Calderón y de Peña. Hoy, sin duda, serán los muertos de López Obrador.

Preocupa, y mucho, la improvisación a la hora de designar para cargos importantes a personas sin preparación profesional, aunque con un logro supremo: leales al pensamiento único de AMLO o de algunos de sus colaboradores.

La ideología por encima de la profesionalización. La idolatría por encima de lo académico. La ceguera por encima de la sensatez.

Ochenta días son pocos, posiblemente, para hacer una evaluación integral del gobierno que arranca. Empero, sí son suficientes para darnos una idea de cómo se pretende gobernar bajo la cuarta transformación: con ocurrencias, con bravatas, con improvisación.

Es lo que hay.

Los desatinos permean las decisiones de gobierno. Un día sí y otro también. A las pruebas nos remitimos:
Una diseñadora de modas propuesta para ser subdirectora del Conacyt. La acabaron corriendo más por la presión pública que por razonamientos del gobierno.

Un fósil de la UNAM como subdirector de comunicación del Conacyt. También lo despidieron por las mismas razones.

Con los aspirantes para integrar la Comisión Reguladora de Energía (CRE), la pachanga estuvo en grande:
Ángel Carrizales, ingeniero químico por el Instituto Tecnológico de Ciudad Madero, tiene un voto de peso: haber sido asistente de la logística de AMLO. Uno de sus ayudantes, pues. Es militante de Morena. Y fue propuesto como integrante de la estratégica CRE. ¿Sabe usted qué funciones desempeña el Centro Nacional de Control de Energía?, le preguntaron durante su comparecencia. “No”, respondió. Sin palabras.

Guadalupe Escalante –propuesta también de AMLO– conmovió con su sinceridad simplona: “A veces no tenemos el alcance total de lo que significa (la CRE)… yo me encontré una descripción en Internet que me gustó mucho (¿?)…”.

Jorge Amaya fue quien se llevó la tarde. Ese ingeniero químico por el Tecnológico de Chihuahua se la bañó. La senadora panista Xóchitl Gálvez le preguntó: ¿Qué es un CEL y cómo se obtiene? “Esto es un cel…”, contestó Amaya mostrando su teléfono celular, riéndose bobalicón. “Es un certificado de energía limpia”, le aclaró Xóchitl. “Ah, okey”, musitó Amaya hurgándose, literal, la nariz.

Al quite, entró el ensombrerado senador Armando Guadiana, presidente de la comisión de energía del Senado y que enfrenta un marcado conflicto de interés, porque al asumir la senaduría por Morena, gestionó instancias que lo benefician con la venta de carbón al gobierno (Apro/Arturo Rodríguez/19/II/2019). Con la sutileza de quien le amarra las patas a la vaca y para disculpar la ignorancia de los propuestos por AMLO, con una puntada que pinta al actual grupo en el poder, nos ilustró: “Lo que no sepa no tiene obligación de contestarlo, y no pasa absolutamente nada…”.

“Esto ya parece una pachanga…”, definió, acertadamente, la senadora Cora Cecilia Pinedo Alonso.

Y sobre el tema, allí está la persecución –tal cual– en contra del presidente de la CRE Guillermo García Alcocer, a quien se acusa y se quema en la hoguera… sin pruebas todavía. Cometió el pecado de cuestionar a AMLO por sus candidatos para la CRE. “Asedia gobierno a titular de la CRE”, es la cabeza principal del diario Reforma. Cierto: es un asedio que mancha y desprestigia, sin que haya elementos sólidos para fincar una investigación seria y profunda.

Una pachanga, pues.

“A veces es difícil entender el mensaje y la política de nuestro presidente de la República. Y es difícil entenderlo porque se tiene que desentrañar, en muchas ocasiones, el sentido de lo que nos está diciendo…”, reconoce la secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero. Muy bien. Si ella que es cercana y de confianza no le entiende a AMLO, mucho menos millones que esperan el púlpito mañanero con más morbo que con expectativas reales de información.

Habla AMLO y amenaza: “Vamos a seguir en la medida de lo posible quitando todos estos organismos (autónomos) que son onerosos y que no pasan la evaluación de eficiencia”. A ver, presidente: ¿dónde están los estudios profesionales que sustentan su afirmación? ¿Cuándo, quiénes y cómo evaluaron a los integrantes de organismos autónomos, como la CRE, por ejemplo? Porque si se siguió el mismo rasero de evaluación que las chabacanas propuestas de AMLO para la CRE, pues entonces ya no sabemos de qué está hablando.

Habla AMLO y confunde: “Tenemos un millón 500 mil casos (¿?) de pruebas documentadas (sobre corrupción en la Sedesol de Peña Nieto…)” (Efrén Flores-Sin Embargo Mx-15/II/2019). A ver, presidente. ¿Dijo usted un millón 500 mil casos de corrupción? ¡Hombre, pago por ver! Y por supuesto que no dudo de la galopante corrupción en la Sedesol de Rosario Robles durante el gobierno de EPN, pero sí dudo de esa cantidad estratosférica documentada y probada.

Simplemente, no le creo en cuanto a la cifra. En todo caso, sería más creíble y justo que si hay una montaña de pruebas, se lleve a juicio a Robles y compañía. Si hay corrupción, hay corruptores. ¿A ellos no les pasará nada, don AMLO?
Habla AMLO y se peñanietiza: “Acerca de las gasolineras o gasolinerías, hay que pedirle a un especialista en el manejo de la lengua que nos aclare cómo se dice; sería bueno aclararlo, porque donde se venden las tortillas se les dice tortillerías; donde se venden los tacos es taquería…”. ¿De verdad, ciudadano presidente, eso es tema relevante justo cuando el desabasto de gasolina provocaba pérdidas millonarias a Guanajuato, Jalisco, Michoacán y Estado de México? Si AMLO quiso ser chistosito, le falló. Y si hablaba en serio, muy preocupante que trivialice sobre un tema tan delicado.

Una pachanga, pues.

Qué bueno que hubo la intención de reducirle el sueldo a magistrados y funcionarios en general, pero qué malo que se hizo sobre las rodillas. Tan fue así que la propia Corte le dio un palo a AMLO: el jueves pasado, desechó los recursos de reclamación presentados por el Poder Ejecutivo y el Congreso de la Unión en contra de la resolución que suspende la entrada en vigor de los efectos de la Ley Federal de Percepciones de los Servidores Públicos.

Qué bueno que hay la intención de combatir al huachicoleo. ¡Adelante! Pero, otra vez, se hizo con ocurrencias: cerrando los gasoductos sin medir las consecuencias económicas negativas que ello generaría en varios estados, con pérdidas por miles de millones de pesos. Se agradece la intención, pero intenten hacerlo bien.

Qué bueno que se luche contra la corrupción. ¡Bien hecho! Pero hasta ahora, ha sido una lucha más de saliva y de perdones que de acciones y de justicia: ¿Dónde están los expedientes contra Robles, Lozoya, Romero Deschamps y el propio Peña Nieto? Mucha retórica y poca eficacia. ¿Dónde están los corruptos? Libres, impunes. Estrenando novia y paseando por el mundo. No te preocupes, Rosario.

De pachanga, pues.

Twitter @_martinmoreno
Facebook / Martin Moreno

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