El caos promete ser la fase siguiente en el flujo de los cada vez más complejos acontecimientos globales, el proceso histórico ha colocado a la humanidad en una de sus mayores pruebas al enfrentar la pandemia, es un punto de inflexión, como lo expresara Yuval Noah Harari, las decisiones que tomen las personas, los gobiernos, las empresas y las organizaciones, lícitas o no, darán forma a: nuevos sistemas de salud, nuevas estructuras económicas, fuerzas políticas, cultura; en sí a una nueva sociedad que no se ha planeado.

La humanidad, ratifica Yuval Noah Harari, necesita tomar una decisión. Esa reflexión es aplicable tanto a nivel global como a nivel de las naciones, México no es la excepción, dado que la pandemia no solo significó un freno a la economía y a la dinámica social, sino que vino a evidenciar la alta vulnerabilidad de sus estructuras productivas.

La producción y consumo de alimentos es un factor estratégico para superar la crisis, pero en México gracias al TLC, ratificado por el T-MEC, se eliminaron los aranceles en las transacciones internacionales, abriendose el mercado, facilitando que muchas empresas trasnacionales instalaran sus plantas en México, aprovechando la mano de obra barata, el acaparamiento de tierra y de agua, como la flexibilidad regulatoria; las exportaciones agrícolas hacia los EU superó las importaciones, pero esos productos no son de los campesinos mexicanos, sino de las empresas trasnacionales instaladas en el territorio nacional.

Los campesinos mexicanos no pudieron ya vender sus cosechas, puesto que sus mercados fueron inundados por las importaciones norteamericanas de granos, de cuyo total se destina el 77 por ciento a las empresas ganaderas y empacadoras y a los procesadores de alimentos industrializados el 20 por ciento.

En junio de este 2020 la FAO (Organización de la ONU para la alimentación y la agricultura) propuso medidas urgentes para evitar una mayor crisis alimentaria, como consecuencia de la pandemia, dado que aumentará el número de personas que no podrán adquirir los alimentos por el desempleo.

En términos de soberanía alimentaria, es fundamental considerar la alimentación de un pueblo a nivel de seguridad y soberanía nacional, sin depender de los vaivenes de los mercados internacionales, dominados por las trasnacionales, pero en México, desde la era neoliberal, no se ha prevenido el hambre, que amenaza con ampliarse, contradiciendo la búsqueda de la autonomía alimentaria de los pueblos, situación que prevalece y urge revertir.

La estructura productiva manufacturera, según la Encuesta Nacional sobre Productividad y Competitividad de las Mipymes (Enaproce) levantada por Inegi en 2018, consta de 4 millones 182 mil 64 empresas manufactureras, de las cuales un poco más del 99 por ciento son Mipymes, casi el 100 por ciento de sus propietarios son mexicanos, por lo que las Mipymes son el soporte de la economía nacional.

De las empresas exportadoras 6 mil 108 concentran el 89 por ciento de valor total de los productos manufacturados exportados, pero solo un grupo de 100 trasnacionales concentran el 51 por ciento del valor de todo lo que se exporta, ¿porque nuestras Mipymes no exportan? Porque sus productos son de bajo contenido de conocimiento y de baja intensidad tecnológica, o sea que no son competitivos en los mercados internacionales.

La productividad total de los factores es un indicador elaborado por Inegi, que permite visualizar la contribución al crecimiento económico, a partir del valor de la producción por sector económico, la tasa de crecimiento anual durante el periodo 1991-2018, evidencia la alta vulnerabilidad, a nivel nacional es de menos 0.33 por ciento, en el sector primario se registra una tasa positiva de 0.88 por ciento, hay que considerar que no es por los campesinos, sino por el sector privado trasnacional que se ha insertado en el país. La productividad en el sector secundario es de menos 0.65 por ciento, dada la caída vertical de la industria de la construcción y de la manufacturera, la cifra reportada en el sector terciario es de menos 0.24 por ciento.

¿Cuál debe ser la estrategia para lograr que la economía nacional se inserte en el circuito de las naciones más competitivas y con menos desigualdad? En la próxima entrega lo comentaremos a partir de la propuesta económica público-privada que recién se presentó.

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