Tiempos de reflexionar son estos, pero también de denunciar que el justo exacto de quiénes somos y lo qué hacemos como individuos y como sociedad, lo dan el uso de los medios. ¿Libertad? ¿Objetividad? ¿Respeto a la diversidad y pluralidad de ideas? Bajo las cifras de la pandemia del Covid-19 podríamos ir pensando y repensando estas preguntas y la respuesta al papel social de los medios y las garantías con las que contamos lectores, audiencias y público en general.

El primer aspecto es la reiterada y creciente violencia contra las mujeres en tiempos “normales” y en el confinamiento actual.

La respuesta gubernamental del máximo dirigente de este país, el presidente Andrés Manuel López Obrador la negó y descalificó a las mujeres y, sobre todo, a la lucha social porque se reconozca y se atienda como ciudadanas y humanas que somos. El Estado mexicano en esta pandemia sanitaria se movilizó a nivel nacional para dictar medidas para contener esta crisis de salud, pero la pandemia violenta contra las mujeres lleva cuatro décadas ya creciente, silenciosa, impune y sin respuesta alguna que la contenga, quedó en el olvido y con ello se expuso una vez más la integridad de las mujeres.

A la fecha no hay respuesta contundente, con excepción de un número genérico, el 911, que igual atiende llamadas por Covid-19 que por emergencias generales y hoy por violencia de género. Esto da idea de la seriedad de la medida.

“En las américas, donde la violencia contra las mujeres ya era una preocupación antes de la pandemia, algunos países y gobiernos locales han dado cuenta de un incremento de hasta un 80 por ciento en las llamadas a las líneas telefónicas que brindan atención y orientación en casos de violencia. Al mismo tiempo, las llamadas a líneas telefónicas por parte de hijos/as o familiares de mujeres víctimas de violencia han aumentado también con la cuarentena.”

(“La violencia contra las mujeres frente a las medidas dirigidas a disminuir el contagio del Covid-19”. OEA-CIM-MESECVI, 2020).

El papel de los medios de difusión masiva a nivel informativo/formativo no es mejor. Solo han reportado sin profundizar y cumplir con su papel social de orientador y de denuncia. La violencia se vuelve tema de noticia en el momento del escarnio y el escándalo, no más. No media el análisis, las mesas de debate, la entrevista a responsables institucionales y formales de la seguridad de la mitad de población que somos.

“… Durante la pandemia han agravado la discriminación estructural y han sobreexpuesto a las mujeres y a las niñas, ensanchando la brecha de desigualdad en todos los ámbitos… los medios de comunicación siguen registrando un aumento de sucesos de violencia contra las mujeres y niñas.”

(“La violencia contra las mujeres frente a las medidas dirigidas a disminuir el contagio del Covid-19”. OEA-CIM-MESECVI, 2020).

La violencia en pleno contra la mitad de la población y la evidencia de que como sociedad no entendemos o no queremos entender, la desatención y vulnerabilidad a que se somete a las mujeres de este país.

De acuerdo con el documento de la Organización de los Estados Americanos (2020), no solo no se ha atendido y contenido la violencia contra las mujeres en esta crisis sanitaria en la región, sino que han surgido nuevos patrones de violencia. Entre los aspectos que denuncia están: *Aumento de la tasa de femicidios/feminicidios en cuarentena por parte de parejas y exparejas. En Argentina, observatorios de la sociedad civil dan cuenta de que el 25 por ciento de los casos en el 2020 sucedieron en el marco de las restricciones de circulación preventiva del contagio de coronavirus. La mayoría ocurrieron en la vivienda de la víctima o la compartida con el agresor.

*En Chile y Uruguay se ha registrado una disminución de denuncias por parte de mujeres víctimas de violencia, pero al mismo tiempo un aumento en casos de feminicidio, lo que podría indicar las limitaciones para efectuar una denuncia.

*Aumento de casos de violencia física y psicológica en el ámbito privado perpetrada por pareja, exparejas y familiares.

*En Bolivia, muchos agresores que contaban con prisión preventiva por violencia de género fueron liberados. Esta medida no tuvo en cuenta el efecto o la protección debida a las víctimas de estos delitos.

*Aumento de violencia sexual contra las niñas perpetrada por parientes cercanos en los hogares.

*Denuncias de violencia contra mujeres que trabajan en el sector salud y sus familiares, en el transporte público y en sus propios lugares de residencia.

*Aumento de violencia contra las mujeres migrantes ya que se encuentran más expuestas a diversos delitos como explotación sexual, desapariciones y feminicidios.

*Aumento de la vulnerabilidad de mujeres y niñas con discapacidad que cuentan con menos herramientas disponibles para realizar denuncias, acceder a información o servicios adaptados a sus necesidades y acceder a servicios de cuidado.

*Restricciones a los servicios de atención y acceso a salud sexual y reproductiva.

*Denuncias de violencia en relaciones desiguales de poder por vulnerabilidad económica.

*Restricciones ilegítimas de la libertad de trabajadoras domésticas que en ocasiones se encuentran en una situación de cuasi servidumbre al estar encerradas en las casas de sus empleadores.

*Aumento de casos de violencia digital ante la necesidad de estar más horas conectadas por el teletrabajo o educación en línea. Se ha registrado un aumento de delitos por crímenes relacionados con extorsión sexual y pornografía infantil en línea.

*Existen reportes en Argentina, Colombia, Paraguay y Perú de mujeres que han sido víctimas de violencia sexual, intimidaciones y arrestos injustificados por parte del personal policial, a propósito de la cuarentena.

Por otro lado, las restricciones al derecho al tránsito han afectado de manera desproporcionada a: -Mujeres que no pueden salir a poner una denuncia y carecen de acceso a herramientas telemáticas, porque no se han facilitado estas herramientas o porque desconocen su existencia.

-Mujeres y niñas que requieren cuidados especializados debido a su edad o a su condición de discapacidad.

-Abandono de mujeres adultas mayores lo que exacerba su situación de vulnerabilidad, en tanto no se dictaron medidas que pudieran garantizar su acceso a servicios esenciales de cuidado.

-Mujeres que se encuentran en condición de calle cuando, al mismo tiempo, el espacio público está menos concurrido.

-Mujeres y niñas migrantes han experimentado un aumento del riesgo debido a la falta de movilidad y la inseguridad migratoria. En México las solicitudes de asilo en refugios para mujeres aumentaron un 30 por ciento. (“La violencia contra las mujeres frente a las medidas dirigidas a disminuir el contagio del Covid-19”, págs. 9-11).

La radiografía es exacta y penosa. Queda a los medios la divulgación y a las instancias la atención, pero a la sociedad le toca reclamar respuesta y solución.

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Josefina Hernández Téllez
Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.