“Si la tecnología es una droga –y se siente como tal– entonces, ¿cuáles son los efectos secundarios? El área –entre el placer y el malestar– es donde ‘Black mirror’, mi nueva serie, está establecida. El black mirror –espejo negro– del título es lo que usted encontrará en cada pared, en cada escritorio, en la palma de cada mano: la pantalla fría y brillante de un televisor, un monitor, un teléfono inteligente”
Charlie Brooker al diario británico The Guardian

Consecuencia: factura pagadera, se desee o no, que se activa en automático tras tomar una decisión, actuar, decir, confesar, respirar… La tecnología es un recurso que forma parte de la historia de la humanidad desde su origen, desde que hubo la necesidad de satisfacer las necesidades más básicas, con el tiempo perfeccionamos el arte para facilitarnos el bocado, ir de un lado a otro, comunicarnos. En efecto, cada paso, cada artefacto novedoso, cada herramienta que osó diferenciar nuestra época de la anterior cobró su respectivo efecto secundario.
“Black mirror”, la serie británica de Endemol, disponible en Netflix, es una antología de ensayos de la consecuencia de la tecnología a gran escala. Charlie Brooker, su creador, hace un mordaz acercamiento con las posibles y no tan lejanas secuelas del hoy, la era del espejo negro del cual depende el orden de las personas actuales, esa pequeña capital personal que te conecta con el mundo, con el que interactúas sin necesidad de palparle, el que te ayuda a conseguir pareja o un taxi seguro, el que te marca la ubicación de tu destino, el que captura tus momentos en vivo, el que te ayuda a marcar tu nivel de popularidad o a odiar a un objetivo común.
En algún momento, en estas cuatro temporadas que ya eclipsaron al público, podrías sentir que se trata de una teoría futurista que, quizá, y con suerte, no te tocará vivir; sin embargo, el planteamiento de Brooker no luce tan allá. Es más bien un retrato de la advertencia de lo que está a punto de ocurrir con el latido de la cuenta regresiva, al ritmo en el que vamos en la también llamada era del Androceno, en la que el planeta es víctima de la especie que lo explota y decide por encima de su naturaleza.
Y aunque la crítica en esta enigmática serie no va tanto por el lado ecológico, no de forma directa, es más bien una barrida a las ámpulas creadas por las enfermedades sociales contemporáneas.
Porque la tecnología es bondad, puede garantizarte seguridad, efectividad, proximidad, recreación. ¿inmortalidad? Pero, ¿hasta dónde? Puede ser un caballo, como el de Troya, que alucinante y atractivo resulte un letal agente que petrifique la esencia.
Cada episodio en “Black mirror” solo se relaciona con otro con el único y común denominador del negro y brillante espejo al alcance de tu mano, en la pared, sobre tu escritorio, al fácil dominio de tu tacto. Ninguno conecta su historia con otro, aunque eventualmente usa detalles, como la banda sonora, para hacer que no te olvides de aquel capítulo de desenlace espeluznante con el que consideraste que estás al borde del abismo.
Y atraviesa todos los ámbitos que la tecnología ya tocó y que a pesar de no ser una realidad vigente ya se encuentran en el debate o en la agenda de lo posible, a un click o al autorizar la nueva actualización de tu app, con implicaciones en la forma de asimilar el arte, la salud y la muerte, el amor, el trabajo, la movilidad o la vivienda.
Date la oportunidad de mirarte en este espejo. Ve tu rostro en el espejo negro.

@lejandroGALINDO
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