Javier Hernández Balcázar lloró cuando les contó a sus padres, vía telefónica, que jugaría con el LA Galaxy. El momento fue capturado con intención de ser compartido en redes sociales. El futbolista tapatío no es ingenuo: sabe de la importancia de mostrarse como un ser humano más ante un entorno que lo culpa hasta de los días nublados. La paradoja Chicharito es sencilla y muy común: haga lo que haga será criticado.

El nieto de Tomás Balcázar es uno de los mejores futbolistas mexicanos de la historia. Si usted, apreciado lector o lectora, arqueó las cejas al leer esa afirmación, es porque CH14 también es el deportista mexicano activo más polémico. Nadie divide opiniones como Hernández. Nadie genera controversia álgida y acalorada como el canterano de Chivas. Y no es para menos.

El hombre del momento es genio y figura, destaca cuando brilla y aún más cuando se apaga. Da la nota cuando mete un gol inteligente, pero también cuando lo hace cayéndose; cuando calienta para entrar y cuando entibia la banca; cuando realiza una recepción magistral para terminar volando su disparo. Ni se diga como persona: su picardía y atrevimiento lo han colocado en cada sitio que ha visitado.

Con su aterrizaje en la costa este de la Unión Americana, el auténtico “chivagaláctico” nos confronta a nosotros, los amantes del balompié, con varios prejuicios. Quizá es momento de dejar de malmirar a la Liga del país vecino, la cual crece de a poco en lo deportivo y de a mucho en lo mediático. Puede que la artificialidad característica de las corporaciones americanas sea la base de ese proyecto, pero igual genera espectáculo.

También es tiempo de reconocer al deporte como un empleo, un trabajo que da sustento a jugadores y sus familias. “Se fue a Los Ángeles para ganar más”, sí, pero también llegó a Sevilla sacrificando parte de su nómina en el West Ham United. En aquel movimiento, todo fue deportivo: regresar a España para competir puestos europeos con un equipo top cinco de aquel país. Las prioridades cambian. Y está bien.

Las y los mexicanos vivimos bajo una idiosincrasia dual y esclavizante. Creemos que siempre podemos ser mejores, pero también sentimos que nunca será suficiente. Entre la fuga de talentos y el efecto cangrejo, personalidades como Hernández Balcázar se convierten en hitos de su disciplina.

Desde hace tiempo y ahora más que nunca, Chicharito puede hacer lo que quiera con su carrera profesional: se lo ha ganado.

Comentarios