El miércoles, el Senado aprobó una reforma constitucional para lograr que exista la representación 50/50 de ambos géneros en todos los órganos de gobierno y en los tres poderes de la Unión, incluyendo a los municipios indígenas; sin embargo, ante ese avance legal me hago varias preguntas ¿con esa reforma se acabó la discriminación y la violencia política? ¿Ahora los hombres considerarán a las mujeres como sus iguales? ¿Hay conocimiento y compresión del mundo indígena por parte de las y los senadores?
Respecto a la primera pregunta, en México siempre ha resultado más fácil realizar reformas legales, pues esas se hacen desde una curul, se toman la foto las y los legisladores, fin del problema; sin embargo, nuestros diputados y senadores no han entendido que el solo hecho de hacer leyes no lleva a que esas se cumplan, y menos cuando son derechos que se han negado sistemáticamente. En ese sentido, aunque los mexicanos tenemos derecho al trabajo y a un salario digno, la mayoría de la población no tiene ni uno u otro, o ninguno de los dos. Por tanto, si bien festejo que se dé ese avance legal para lograr una igualdad política, tampoco puedo dejar de mencionar que mientras no se reestructuren los roles tradicionales de género no se logrará dicha igualdad sin violencia política.

La recomendación es que de manera paralela a esos cambios constitucionales, los legisladores también deberían negociar con los medios de comunicación, la Iglesia, la Secretaría de Educación, que se deje de ver a la mujer como la responsable de la familia, como aquella que debe permanecer en la esfera privada, y a los hombres con mayores cualidades de liderazgo y de trabajo en la esfera pública. Si no se trabaja en la igualdad social de hombres y mujeres desde pequeños, lo que sucederá con esa legislación es que los hombres (muchos o pocos) la verán como una imposición, pues considerarán que ellos han trabajado mucho más que las mujeres que ahora tendrán un espacio político, por tanto, esa ley la verán como injusta y violentarán a las mujeres de manera inconsciente o consciente.

Aunado a lo anterior, tanto en los partidos políticos como en la política los liderazgos son hombres, y son ellos quienes están designando qué mujeres sí van de candidatas, sus criterios son seguir preservando su poder, por lo mismo, es más fácil que manden a sus esposas, hijas o hermanas que a alguien que no conocen, aunque su trabajo la avale, o que prefieran a aquellas que les han mostrado lealtad aunque haya otras mujeres con mayor labor política. Por tanto, ese es otro de los retos en la igualdad política: la forma en cómo se elegirán a estar mujeres para lograr la igualdad en todos los órganos de gobierno y en los tres poderes de la Unión.

En consecuencia, si no se dejan reglas claras de cómo las mujeres puedan acceder a todos los órganos de gobierno y en los tres poderes de la Unión, seguirán los líderes masculinos designando a las mujeres que consideren, dejando fuera a aquellas que no estén de acuerdo con ellos o sus intereses, o a las que han trabajado pero que simplemente no son del grupo hegemónico, por tanto, ese es un tema a considerar si se quiere lograr una verdadera igualdad política.

Finalmente, me queda claro la falta de respeto al mundo indígena por parte de las y los senadores, pues en el caso de Cherán, comunidad indígena, ellos litigaron el respeto a sus usos y costumbres y a la autonomía de su forma de gobierno y ganaron ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ahora con qué derecho el Legislativo le puede obligar a tener cincuenta-cincuenta en todos sus órganos de gobierno, no entienden los senadores y senadoras que ellos tienes sus formas de elección, sus costumbres, diferentes a lo que comúnmente conocemos, entonces porque querer tratar igual al que es diferente. Los municipios indígenas, con sus particularidades, tienen asambleas comunitarias donde debaten, sin considerar si es hombre o mujer, si ha realizado trabajo comunitario, si es honesto, si es respetable, criterios diferentes a los de la democracia liberal. Por tanto, no se puede obligar a una comunidad indígena que ganó su autonomía política a tener 50/50 en sus órganos de gobierno, considero que los mecanismos deben ser diferentes. Por lo antes expresado, festejo que haya avances para lograr la igualdad política en México, sin embargo, aún hay retos por lograr.

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