La pasión de vivir a Cristo

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Cristo

Pachuca.- A sus 65 años, la piel de don Erasmo está marcada por las arrugas y el cansancio, propios de su edad; sin embargo, la vitalidad y entusiasmo con que participa en las celebraciones del Viacrucis siguen siendo las mismas que hace 30 años, cuando en más de una ocasión representó el papel de Jesús.

Originario del barrio El Arbolito, regresa al lugar que lo vio nacer para apoyar en las tareas de la representación 50 de la crucifixión, pues sus conocimientos y experiencia en diversas artes, como el teatro, pintura, poesía y danza, le han ganado fama y respeto entre quienes lo reconocen desde lejos.

Recargado sobre una cruz de madera, cuyo peso es superior a los 100 kilos, don Erasmo cuenta cómo en los orígenes de la tradición fue invitado por su amigo y fundador del legado para formar parte de la representación de los pasajes bíblicos con el papel de Cristo, mismo que cambió su vida desde entonces.

Pese a ello, cuenta que el primer año fue un poco decepcionante, ya que la utilería empleada era demasiada falsa y las personas lo percibían, lo que llevó a incrementar metro y medio de alto la cruz y modificar la corona de espinas y látigos, para que fueran más reales, sin importar que pudiesen llegar a lastimar.

“Fue un cambio radical porque eso ayudó para que la gente se adentrara más y lo viviera. Había personas que lloraban o se desgarraban, incluso agredían a quien estaba golpeando, porque sentían que iban golpeando a su dios, pero es ahí donde está la comunicación recíproca, porque si uno hace bien su papel, la gente lo siente.”

Su desempeño y habilidad llevaron a don Erasmo a representar a Jesús por más de cinco años, primero en El Arbolito y después en la barrio Las Lajas, donde acudió por invitación para fincar su propio legado, pues en dicho lugar incursionó con los guiones de la representación, además de formar una compañía de danza.

Y aunque al inicio su propósito era solo participar tres años, se quedó por décadas para apoyar a las siguientes generaciones en la construcción de esa representación que, asegura, le sirvió para ser mejor persona, padre, esposo o vecino, “porque estar dentro de un grupo de Viacrucis te cambia la vida”.

“Si nosotros este día lo gozáramos como si fuese el último de nuestra vida, sería todo una maravilla, y al menos eso era para mí; uno debe concentrarse tanto en el papel que debe dar una imagen positiva en todos los aspectos, incluso en la vida cotidiana, porque si tenemos errores, la gente los ve, ellos son nuestros vigilantes.”

Por ello, aunque las representaciones le valieron uno que otro accidente, como en una ocasión cuando se dislocó un hombro en la tercera caída, o cuando tras varios días de haber realizado la representación del Viacrucis, el dolor de los latigazos y el cansancio seguían presentes, aunque afirma que todo valió la pena, pues en su memoria las vivencias son gratas.

“En el tercer año, ya en el juicio cuando estaba crucificado, de repente se vino una llovizna y se movió un árbol, en el periódico salió que había sido como si la naturaleza hubiera querido participar de ese momento y esas son las cosas con las que uno se queda.

Uno debe concentrarse tanto en el papel que debe dar una imagen positiva en todos los aspectos, incluso en la vida cotidiana, porque si tenemos errores, la gente los ve, ellos son nuestros vigilantes

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