Pachuca

La noche del viernes, Carlos Rosas acompañó a la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (OSUAEH) como solista en el recital “Los grandes conciertos”, interpretando magistralmente el Concierto para oboe de Richard Strauss. Libre por convicción Independiente de Hidalgo platicó con el músico sobre su trayectoria.

Yo vengo de una familia de músicos, del lado de mi padre ejerciéndola profesionalmente y del lado de mi madre de tradición, siempre estuve metido en la música, desde que estaba en el vientre de mi madre ya estaba escuchando cualquier cosa.

Con un padre que es maestro de música y como todo hijo de músico, Carlos dice que lo interesaron en la música tocando primero el violín.

Toqué un mes el violín pero dije: no, esto es muy difícil, vamos a cambiar de instrumento; busqué uno que casi ninguno de mis amigos conociera, que tocara, que fuera algo raro y me interesé por el oboe.

Cuando supo que había encontrado su instrumento, su camino continuó en la Universidad Autónoma de Baja California para después participar por una beca del Fondo Nacional de para la Cultura y las Artes (Fonca) y poder irse al extranjero a seguir preparándose.

Me fui a Ámsterdam, ahí hice mi maestría y acabo de regresar a México, ahora estoy en la Sinfónica Nacional de México.

Para Carlos Rosas el oboe es aún un tabú en todo el mundo, ya que es algo difícil encontrar oboístas y fagotistas.

Envuelve muchas cosas, para empezar la falta de maestros, casi no hay en México maestros; y es un instrumento muy caro, no en el sentido de la compra, sino del mantenimiento, aparte de aprender a tocar tienes que invertir horas en construir tus propias cañas, porque una caña es como la firma de cada uno, no las pueden hacer de fábrica, de cada 10 te sale una.

Además de considerar que el instrumento no es muy amistoso con los músicos, Carlos Rosas también asegura que dados esos factores muchas veces las personas se rinden.

Yo he estado a punto de rendirme muchas veces pero ya llevo muchos años aquí, mis padres me van a matar. Creo que la música no es una ciencia exacta, entonces depende de los gustos de cada quien, eso es lo difícil de ser músico, que a veces quieres complacer a todos pero es imposible porque todos somos diferentes.

El mayor interés del músico es en algún futuro empezar a formar oboístas.

Para empezar, enseñando se aprende, eso es algo positivo para mí, pero siempre me ha interesado mucho tratar de dar lo que hace falta en México, por eso me fui a estudiar fuera; al final la música clásica es un tradición europea y creo que todos los que estudian música se tendrían que ir una temporada a Europa; qué mejor que aprender donde se sigue la tradición de cientos de años.

Para las y los alumnos que estudian música aconsejó que sigan adelante, estudiando continuamente.

Al final la música es como el deporte, dejas de entrenar un día o dos y estás atrofiado, es cuestión de estar entrenando y estudiando, tratar de crecer y lo más importante creo que es salir de los ambientes seguros, no solo para el músico sino para todos.

Después de su participación con la OSUAEH, el oboísta se prepara para volver con la Sinfónica de México, donde en noviembre partirán en una gira por Alemania y Austria.

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